por Francisco Galíndez

macri-maudricio

– Buenos días alumnos!…

– BUE-NOS-DI-AS   SE-ÑO-RI-TA!

– Hagan silencio que voy a tomar asistencia… Alvarado Carmen?

– Presente!

– Bonezo Cristian?

– Presente!

– Macri Mauricio? … MACRI MAURICIOOO!?…

– No vino señorita, faltó toda la semana

– Silencio por favor! presten atención alumnos, hoy haremos un breve análisis de la Constitución Nacional Argentina… Zamarripa! Pase al frente y lea en voz alta el preámbulo.

 

MACRIEl anterior escenario representa una de las tantas teorías que tengo sobre el génesis del bochornoso decreto que el jefe de gobierno porteño sacó a la luz. Es muy probable que el compañerito Mauricio se haya perdido unas cuantas clases de educación cívica durante su etapa académica, a veces pienso que nunca asistió a una escuela, por lo menos aquí en Argentina.

Justo cuando me disponía a dejar de lado por un tiempo las notas políticas y dedicarme a publicar recetas de ensaladas mediterráneas o trucos para crackear el último Call of Duty, el cabecilla del PRO me despabiló con un balde de agua fría. Desde la represión en el hospital Borda no había escuchado una sola novedad del Sr. Macri, pero ya era hora. Ya había comenzado a pensar que estaba de retiro espiritual con Ravi Shankar y cinco sherpas en algún remoto paraje del monte Dhaulagiri. Entre el decreto de protección a los medios y la veda de pesca en el Dique El Tunal, no me quedó otra que retomar el ámbito político para descargar mis tensiones.

Indudablemente la guerra entre el Gobierno-Clarín sigue siendo la espina dorsal de las gestiones en los flancos políticos antagonistas. Semanas atrás la presidente Cristina movió muy hábil un alfil con la socialmente insípida reforma judicial y puso en jaque a las cautelares del grupo empresarial. Éste, ligado muy íntimamente al PRO, realizo un extraño enroque para salvaguardar al rey. Pero resulta que el extraordinario movimiento opositor no está contemplado dentro de las reglas del juego, porque el decreto macrista en definitiva es inconstitucional (léanse Artículos 31 y 75 inc. 19 de la Constitución Nacional Argentina). No debemos olvidar que la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) es autónoma, no soberana, las leyes provinciales no están por encima de las federales, no al menos hasta que, tras una guerra civil, el Estado Argentino le otorgue a la ciudad de Buenos Aires el título de República Independiente (el sueño del muchacho bostero).

Macri elevó su pálido DNU asesorado por los más elocuentes abogados del oligopolio informativo, enunciando más de una veintena de artículos de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, enmarañando normativas provinciales y limpiándose el trasero de paso con las leyes federales, siempre arengando la defensa de la libertad de prensa, que es desde hace tiempo “atormentada cruelmente” por el gobierno nacional. Analizando todo éste embrollo, fría y objetivamente, la libertad de prensa nunca se encontró en tal peligro, como asegura el mandatario bonaerense, basta con escribir en el buscador de internet preferido las palabras “corrupción+kirchner”, y aparecerán paradójicamente decenas de enlaces a sitios informativos digitales donde se informa y critica libre y hasta violentamente al gobierno K y sus responsables, lo mismo sucede en programas televisivos, diarios y revistas. Ergo, la libertad de prensa existe, tanto para el oficialismo como para la oposición.

No es casual que casi la totalidad de los artículos del Decreto de Necesidad y Urgencia en cuestión, traten de limitar la jurisdicción del estado sobre los medios y servicios de difusión, así también como inmuebles, licencias, registros, control, intervención, gerenciamiento y actividad de profesionales de la prensa.  No es casual porque fueron creados a medida para contrarrestar las disposiciones federales que afectan directamente los intereses del grupo Clarín y sus dependencias. En síntesis, el único horizonte perseguido por el ex presidente del equipo xeneize y su gabinete inoperante, es la inaplicabilidad de la Ley de Servicios Audiovisuales (26.522) dentro del espectro geográfico de la ciudad, evitando así la intervención del grupo empresarial y protegiendo a la prensa tendenciosa que curiosamente nunca informa sobre los desaciertos del dirigente PRO o de sus funcionarios.

Me atrevo entonces, salvando las distancias, a exponer una analogía incómoda. La movida del chango Mauricio sería como un habeas corpus (DNU), para excarcelar a un individuo X (grupo Clarín), respaldado por el derecho a la libertad (Constitución de la CABA), pero que fue condenado por perpetrar un delito federal (desacato a la Ley 26.522).

Lo dijo mi estimado amigo Gonzalo Rodríguez en una de sus columnas, y estoy completamente de acuerdo con él, tras investigaciones, denuncias y escraches, el gobierno nacional pierde popularidad y credibilidad, pero luego las recupera sin mayores problemas, no porque haga mérito sino porque la oposición resalta su incapacidad, y cuando eventualmente realiza una maniobra, la embarra hasta el techo. Claro ejemplo el de Mauricio Macri, con su desconcertante decreto protector de pobres y maltratadas empresas monopólicas de información. Si el proyecto de blanqueo de capitales ideado por el gobierno nacional me pareció un plan retorcido, debo decir que los manotazos de ahogado de la oposición descienden a la misma altura.

Macri pretende “garantizar” la libertad de prensa al menos en la CABA, pero no se preocupa por “garantizar” un período lectivo ininterrumpido sin paros docentes. Tampoco “garantiza” el mejoramiento de los sistemas fluviales de desagüe para evitar inundaciones, muertos y pérdidas millonarias para la provincia que gobierna. Asimismo se olvida de “garantizar” el correcto funcionamiento de trenes y subtes presionando a las empresas responsables. Ni hablar de “garantizar” el derecho a manifestarse que tiene cada ciudadano argentino que reside en su provincia.

¡Todos somos Clarín! aseguran algunas fotos y convocatorias en las redes sociales, avalando el disparate del muchacho PRO. Y la verdad que no, salvo Ernestina Herrero, Héctor Magnetto y unos cuantos accionistas más, el grupo empresarial no amamanta al resto del pueblo argentino. Yo no soy Clarín, no me podría sentir identificado ni representado jamás con un medio informativo que transó convenientemente con golpistas, dictaduras y gobiernos neoliberales corruptos. Tampoco lo son los mismos periodistas que trabajan para la empresa, en realidad nadie lo es, el grupo Clarín es una corporación cerrada, nada más y nada menos, y Mauricio Macri su empleado del año.  Saludos desde el ocio cibernético.

1 COMENTARIO

  1. El multimedio se agota en su exhaustiva búsqueda de paladines. Goliat vs Goliat definirán por penales. Gracias Pancho, su punzante retórica nos ilustra permanentemente. Un abrazo desde Tucumán

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