Los más recientes movimientos y declaraciones del electo presidente Mauricio Macri, previa asunción, se aprecian pacificadores y calmos.

El ambiente político oficialista en su totalidad, de todo el país, respira aliviado y relaja las tensiones provocadas por el shock inicial que significó el triunfo de la fórmula opositora Cambiemos, que a su vez trajo aparejados fuertes temores de futuras represalias hacia quienes no apoyaron al tándem Macri-Michetti y, en cambio, apoyaron con excedido “fervor”( lo que incluyó denostaciones de todo tipo, denuncias, mofas, descalificaciones y futurología catastrófica de alto nivel hacia la oposición) a la fórmula oficialista Scioli-Zaninni.

Tras doce años en que los argentinos vivimos regidos por la lógica amigo-enemigo, kirchnerista-vendepatria, patriota-gorila, y otras varias especies de estúpidas dualidades creadas y alentadas por el Gobierno nacional, lo que naturalmente esperaba la mayoría, con el poder cambiando de manos, era el comienzo de “purgas”, deportaciones a la “Siberia” del olvido y corte de cabezas aleccionadores y justicieros.

Sin embargo, las expectativas naturales no se están cumpliendo. Macri parece no estar dispuesto a dar continuidad a la manera kirchnerista de tratar a los no afines a su pensamiento o a los no adherentes a sus políticas, sino todo lo contrario, es decir, escucharlos y respetarlos en su diversidad y en sus diferencias.

Por lo menos en su apariencia, la futura gestión Macri asoma componedora y reconciliadora, y ya hay noticias de que operadores expertos enviados por gobernadores e intendentes estarían ejerciendo su oficio para intentar lograr puentes de “coincidencia” con quien ejercerá la primera magistratura del país a partir del próximo 10 de diciembre.

Pero no todo es armonía ni flores en la transición. Desde el macrismo exigen más que palabras para creer que los buenos deseos hacia la presidencia de Macri son realmente sinceros. Exigen gestos concretos y públicos, y al parecer ahora mismo se los están concediendo.

Ayer, el kirchnerismo a duras penas, vaya uno a saber prometiendo qué o presionando con qué, logró quórum en el Congreso de la Nación, debiendo recurrir para ello a legisladores de izquierda y progresistas, críticos a ultranza del actual gobierno que, llamativamente, accedieron a bajar al recinto.

Esto describe claramente el futuro de deserciones oficialistas, cambios de vereda y “gestos de amor” hacia Mauricio Macri, quien cómodamente espera sentado a que sus “ex” enemigos se acerquen, sumisos, seducidos por la chequera.

Lo cierto es que los que se esperaba fueran una oposición obstructiva y reivindicadora de los “gloriosos y místicos” años kirchneristas, de a poco y sutilmente se van asimilando al macrismo con discursos tales como “vamos a acompañar al presidente por el bien del país”, “Si le va bien a la nación nos va bien a todos”, o directamente confesando que por fin pueden despegar del cristinismo, del que fueron rehenes a cambio de fondos para sus provincias.

De todos modos, el macrismo no abre los brazos con amnesia respecto de los años pasados, no. Seguramente más adelante habrá tiempo para hacer memoria, tal como lo exige la presidenta, y allí las cosas no serán tan fraternas ni cordiales.