por Gonzalo Rodríguez

CFK Presidenta de todos los Argentinos

Y bueno, si ya se mandaron sin vergüenza y con éxito la parte más espinosa, discutida y resistida del asunto, que es el blanqueo de capitales, entonces creo que no debería haber mayores problemas para que generalicen el oprobio y aprueben un blanqueo moral o amnistía ética.

Podría empezar usted, Cristina. Blanquee de una vez su pasado buitre de la dictadura, en que junto al “Néstornauta” adquirían, de arrebato o a oferta mínima, inmuebles de agobiados argentinos, ante quienes mostraban tanta piedad como la que podría mostrar una hiena sobre su presa sangrante.

Blanquee sus años de ejercitar “El modelito” allá en Santa Cruz, cuando siendo primera dama provincial, amenazaba, abochornaba, humillaba, proscribía, perseguía y castigaba a funcionarios, periodistas y opositores, y que ahora ejercita a nivel nacional en lo que llaman El Modelo.

Blanquee sus fervientes y apasionados años noventas como menemista, de esas que pelaban las garras y los dientes a la hora de defender al turco y sus maravillosos proyectos, como aquel que nos llevaría a la estratósfera y nos depositaría en Japón en cuestión de minutos (usted fue más modesta que su “maestro” y solo nos prometió un Tren Bala).

Blanquee, aunque ya lo sabemos, que odia a esos que llama oligarcas, aristócratas, gente de clase alta y elevado roce social, no porque usted sea nacional y popular, sino porque nunca pudo ser uno de ellos, lo que le produce un inexplicable y furioso complejo de inferioridad que intenta mitigar con costosísimas prendas de vestir, carísimos accesorios y caprichosas exigencias.

Blanquee que sus “batallas” contra los monopolios son solo ataques rencorosos contra aquellos a quienes no pudo someter ni aun usando arbitraria y desmesuradamente las facultades del estado, a las que usted desvirtuó hasta convertirlas en armas abusivas para la venganza personal. ¿Y cómo va a decir que combate a los monopolios si usted los ama y alimenta?: pretende monopolizar el poder, la palabra, la imagen, la verdad, la razón, la opinión, el mérito, los aplausos… y la mentira.

Blanquee que usted usa y se apoya en escogidas causas nacionales, como las de las Madres y Abuelas y las de los “pueblos originarios”, demagógicamente y con un histrionismo rebuscado e increíble que ofende y degrada. Que ha politizado los sentimientos y partidizado las tragedias incluyéndose intrusamente entre los sufrientes verdaderos y las reales víctimas. Si así no fuera, presénteme a algunos de sus ministros, asesores, secretarios, colaboradores o ¡¡¡aunque más no sea un amigo suyo!!! que manifieste ascendencia de algún pueblo originario. O sepúlteme, sin retorno posible, en la fosa de los embusteros e infamantes haciendo pública  su propia “Lista de Schindler” con todos los salvados y defendidos por usted y su esposo durante los años setenta.

Blanquee que su hipócrita y sobreactuado llamamiento a la unidad latinoamericana de los pueblos es un grito hueco y sin espíritu, y que esas cumbres de mandatarios del Mercosur o Unasur son solo reuniones empresariales entre mercenarios con las mismas ambiciones, la misma codicia, las mismas inquinas, las mismas conspiraciones y las mismas carencias morales. Que son asambleas de sujetos amorales que dicen haber hecho “opción por los pobres”, a los que pareciera que amaran tanto, que desean tenerlos siempre cerca, siempre a mano, siempre disponibles, por lo que los “encadenan” a sus gobiernos con planes sociales, “ayudas humanitarias” y demás dádivas. Hasta les dedican alguna caricia, algún mimo y un bono extra, siempre en tiempos de elecciones. O les conceden el enorme privilegio de escucharlos discursear en los actos políticos, y de vivarlos inmensamente agradecidos cuando se aparecen por cadena nacional o teleconferencia para anunciarles, como si fuera una merced o una gracia de sus misericordiosos gobiernos, la construcción de unas viviendas, un aumentito en las jubilaciones, la inauguración de una escuela o la pavimentación de una ruta.

Blanquee, Cristina, que de tanto en tanto necesita, desintoxicarse de tanto “latinoamericanismo” tercermundista sin glamour ni charme, para lo que organiza giras presidenciales por países y ciudades más consonantes con su encanto, sus gustos y sus millones ¿o los nuestros deberíamos decir?: París, Roma, New York, Bruselas.

Aaaah!, cuán natural y en lo suyo debe sentirse usted en esos refinados y civilizados lugares, lejos de la rústica, problemática y húmeda La Plata; de la caótica, antihigiénica y opositora Capital Federal; de la mísera, ignorada y silenciada Formosa; de la hostil, sublevada e irreverente Córdoba; de la “sobreedificada” y “sobreconstruida”, pero amada y “generosa”, Santa Cruz. Esos sitios cuya sofisticación está a años luz de los toscos y pueblerinos lugares que a usted le toca gobernar. De tan imposible comparación como Harvard y La Matanza.

Blanquee también, Cristina darling, que su Modelo es inclusivo, si. Pero aclare que es inclusivo por que la incluyó a usted, a sus hijos, a sus familiares, a sus secretarios, a sus funcionarios, allegados y mimados en las listas de la revista Forbes, y que van por todo, es decir, posicionarse en el Top Ten de las listas de esa revista. “It’s never too much, I always want more”.

Humildemente le recomiendo que, si se lanza una amnistía ética y moral, aproveche ese ofertón único y blanquee todas sus falsedades por las buenas y voluntariamente. Porque si no lo hace, el tiempo, como una impiadosa e insobornable Afip de la historia la blanqueara compulsivamente y por las malas.

Si usted, señora presidente, blanquea todo, pero todo, tal vez yo me anime a blanquear lo mío, y reconozca que alguna vez fui tan estúpido que le creí y la vote.