por Francisco Galíndez

http://www.youtube.com/watch?v=Q9RhFioaeDE

CIRCULOS.Que semanita amigos. No recuerdo tanto escándalo desde que Ricky Martin confirmó públicamente su homosexualidad. No es para menos; lavado de dinero, reforma judicial, fallo de la Corte con la ley de medios, Maduro vs. Capriles, atentado contra Obama, manifestaciones, todo pasó de forma tan rápida y abrupta que hasta los norcoreanos se quedaron sin protagonismo. En Pyongyang, el solitario Kim Jong-Un se tomó un trago de chicha norcoreana, convocó a sus generales y asesores, se le piantó un lagrimón, y les dijo todos los presentes que el Papa Francisco, el 18A y la efervescencia del periodista gordo le hicieron sombra al lanzamiento de sus misiles termonucleares del apocalipsis. El mundo ahora mira más que nada las noticias argentinas y no podían competir con eso. Cabizbajos y meditabundos se retiraron de la sala de operaciones y comunicaron a Seúl y Washington que era bromita, que estaba todo bien y que no se enojen. Así se dio por finalizado el casi exterminio de la humanidad. En buena hora, ya que éste fin de semana tenía intenciones de ver la saga completa de Matrix y no podría si me están lloviendo ojivas de 200 kilotones sobre la sabiola.

Volviendo a lo nuestro, debo admitir que más que reticente, estuve completamente al margen de todas las novedades durante la semana, de un día para otro me tuve que poner al día con investigaciones, escraches, programas, acusaciones, silencios, twitteos, convocatorias y afines que desbordaron las portadas de diarios y revistas y sobresalieron en la mayoría de los programas informativos y mediáticos.

El Domingo pasado, el controversial e insoportable periodista Jorge Lanata abrió su ciclo televisivo con un programa picante, una bomba para el oficialismo. Una investigación que vincula al empresario Lázaro Báez, al contador millonario Leonardo Fariña, al dueño de una financiera Federico Elaskar, al capo de marketing Fabián Rossi, al difunto ex presidente Néstor Kirchner y a otros menos importantes, en un movimiento sistemático y estructurado de lavado de dinero que haría ruborizar al mismísimo Carlos Menem y su gabinete del terror.

De ahí en adelante, como era de esperar,  estallaron las diatribas al gobierno nacional, a sus representantes, a sus familiares, empleados y hasta sus mascotas inclusive. Como para salpimentar más el estofado, la Cámara Civil y Comercial determina inconstitucionales un par de artículos de la ley de medios que favorece al intachable, independiente, incontrastable y virtuoso grupo Clarín con las licencias de canales por cable. El marcador indica un rotundo 2 a 0 para los conjuntos opositores, el oficialismo está en aprietos durante éste primer tiempo. No obstante, el gobierno avanza sobre la reforma judicial con media sanción, esperando un viento favorable que llegue desde la cámara de diputados. No es una anotación aún pero promete.

El horno no está para bollos amigos, con cacerolas y sartenes desteflonadas el #18A salieron muchos argentinos a manifestarse. Razones no faltaron, pero a mi parecer hubo reclamos acertados y otros no tanto. Quienes repudiaron los actos de corrupción estuvieron  perfectamente enfocados, ya que sin contemplar los escándalos anteriores (léase caso Skanska en 2005, valijagate de Antonini Wilson en 2007, las 30.000 palos verdes de Miceli en 2007, caso Ciccone en 2012), la denuncia por lavado de dinero es más que vergonzosa por la alevosía del hecho en sí mismo, y es una de las tantas gotas que están rebalsando la copa.

Sabemos de antemano que un personaje tan versátil como Jorge Lanata no es un periodista de probos ideales y alma desprendida, sus imputaciones y discursos están centrados en la conocida y fastidiosa cruzada que lleva hace tiempo el monopolio para el que trabaja contra el gobierno de turno. Su periodismo es tan independiente como el de los panelistas del programa 678, por lo tanto, idolatrar al gordito o a los obsecuentes K y regocijare con sus respectivas peroratas es, incontinenti, un acto de borrego. Aun así no puede pasar desapercibido nuevamente un acto de cohecho de esa magnitud, la justicia debe investigar, acusar y condenar, y el gobierno por otro lado, si es que no tiene relación directa con el ilícito (jajaja),  debe facilitar a la justicia los medios para presionar los botones correctos. Hoy estoy cien por cien de acuerdo con los ciudadanos que rechazaron durante el #18A el “Báez-gate” y hechos similares. Asimismo le doy mi respaldo a quienes se manifestaron en contra de una re reelección ya que, a mi forma de entender la historia, considero que cualquier gobierno que se perpetúe en el poder termina siendo contraproducente y nocivo.

Como dije antes, las demandas fueron heterogéneas, y así como respaldo la moción de muchos indignados, de la misma forma rechazo sólidamente la de otros. Como por ejemplo la negativa a la ley de medios, el cepo al dólar, la reforma judicial, y hasta cierto punto la problemática de la inseguridad.

Estar en contra de la ley de medios es una consigna corporativa, quienes la rechazan ponen en evidencia que tienen intereses directos, saben que pierden privilegios y buenos dividendos, o bien son un atajo de ovejas tartamudas, que sin haber si quiera leído al menos uno de los artículos de la mencionada ley y en completo estado de ignorancia, siguen al carismático pastor del monopolio por las infames praderas del oscurantismo. Pasa exactamente lo mismo con los discrepantes del cepo a la compra de divisas extranjeras.

También están los que relincharon por una justicia independiente, evocando al “Estado Federal” (todavía trato de establecer la relación) y aludiendo a que el día de mañana, la perversa reforma repercutirá sobre los inminentes juicios al Estado que los jubilados ejecutarán luego de no cobrar sus haberes, especulación tan improbable como descabellada y producto de una propaganda abyecta y completamente desvirtuada. Más verosímil que esa teoría adicta, es la que intenta aprovechar tras la reforma los nuevos atributos de la cámara de casación, para sortear los obstáculos que hoy se anteponen a una muy codiciada reforma constitucional que avale la recontra, remil, re reelección. Con respecto a la inseguridad, bueno, pues en ese caso los indignados se olvidan convenientemente del arengado “Estado Federal”, si bien es un reclamo legítimo y preocupante, la disposición, el planeamiento y la fiscalización de las fuerzas de seguridad, las medidas de prevención de delitos y toda campaña en pro de la seguridad son en principio responsabilidad de los dirigentes municipales y provinciales. No es que el gobierno nacional esté totalmente exento de compromiso, pero la indignación no recae por lo visto sobre intendentes ni gobernadores, a la larga, ese tipo de comportamiento termina por opacar al reclamo justificado y hacerlo parecer más a una tendenciosa campaña de desprestigio.

El #18A, como el #8N, y las anteriores nomenclaturas neo-yanquis (léase significado del famoso 11S o 9/11) que hicieron referencia a las crispadas manifestaciones, fueron indudablemente eventos de importancia, minimizar el reclamo de un sector del país en desacuerdo es una auténtica demostración de arrogancia e indolencia, y en un momento delicado en el que se destapan escándalos de corrupción y conspiraciones, lo más sensato por parte de la presidente sería ceder a las demandas plausibles y actuar en consecuencia, haciendo evidente la intención de no conflagrar con una parte del pueblo argentino que considera equívoca a su gestión. Posible pero improbable, porque esto no es otra cosa que una puja de poderes, la eterna guerra entre sectores que aman el dinero más que a su propia descendencia, corporaciones contra dirigentes, ciudadanos contra dirigentes, dirigentes contra dirigentes, y entre ambos flancos una formidable cantidad de timoratos seguidores del que mejor les pague o mejor les lave el cerebro.

¿Existe hoy una Argentina dividida? Si, y es innegable. Vivimos una época en la que está tan polarizada la política y tan errados los conceptos que, de forma taxativa, a una persona que disiente con las trabas a la importación por ejemplo,  se la cataloga de “facho gorilón”,  e inversamente, otra persona que apruebe la expropiación de YPF es en consecuencia un “vago planero”. No hay lugar para el discernimiento objetivo, no hay espacio para posturas independientes que no terminen siendo apuntadas como tibias o apolíticas, estas de un lado o de otro, sino sos un gil. ¿Tal división es consecuencia de la buena o mala gestión del actual gobierno nacional? No, eso es solo propaganda barata y sin argumento. Argentina está dividida desde sus principios como estado soberano, o relativamente soberano, liderada desde siempre por la oligarquía más recalcitrante y cuyas gestiones propiciaron constantes privilegios para los que más tuvieron y ascetismo para los menos afortunados. El amor por el dinero por sobre todas las cosas, es lo que primó siempre, es la consigna que siguieron casi todos, algunos quizás mantuvieron un perfil un poco más bajo y son recordados hoy como próceres o magnánimos líderes, pero el común denominador siempre derrapó en la ambición desmedida y ególatra.

Pero esto no es más que el reflejo del mismo pueblo, la nunca mejor definida “representación de los ciudadanos”. Argentina es un cúmulo de personas que, en su mayoría, batallan primero por sus propios intereses y bienestar, después, mucho después, por el bien común. Tenemos lo que merecemos, a partir de que llamamos “negro de mierda” a alguien, sobornamos al agente de tránsito, nos guardamos las denuncias en el bolsillo del olvido, tiramos la botella vacía en medio de la calle, negamos un plato de comida al mendigo que toca la puerta, cobramos el IVA sin entregar factura y aceptamos una sidra a cambio del voto, a partir de todo eso somos la imagen mimetizada de los dirigentes que nos gobiernan. Si pretendemos que algún bendito día nos lidere un nuevo Mahatma Ghandi debemos primero dejar de lado un poco nuestros objetivos personales y apuntar más a la prosperidad general. Saludos desde el ocio cibernético.

Suicidal Tendencies – Send Me Your Money

AC/DC – Moneytalks