Entre los muchos términos (cipayo, oligarca, derecha, gorila, vendepatria, imperialista, neoliberal, etc) que estos últimos doce años de política dura y confrontativa trajeron nuevamente al léxico diario de muchos argentinos, la palabra traidor sobresale por lejos por su uso y abuso.

Traidor, hasta hace no mucho, era aquel abandonaba el oficialismo para unirse a algún otro espacio. Traidor era el legislador que no acompañaba los proyectos enviados por el ejecutivo nacional en la cámara baja o alta. Traidor era quien apoyaba un proyecto enviado por la oposición. Traidor era quien dialogaba o mantenía relaciones cordiales con políticos de otros espacios. Traidor era quien cuestionaba los dichos, decisiones o medidas del ejecutivo nacional. Traidor era quien asistía a ciertos programas de televisión. En fin, eran muchas las formas de “traición” en se podía incurrir, y todas ellas desataban por igual cataratas de repudios desorbitados y groseros, que partían desde los “leales” hacia los “traidores”.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner encabezó en su anteúltimo acto que realizó en la localidad de Quilmes, antes de abandonar el poder se refirió a los “traidores” que podrán aparecer en las filas del Frente Para la Victoria. “Traidores y traiciones hubo siempre (pero) son necesarios. Si no hay traidores, no hay leales. Si no hay traidores, ¿cómo distinguís a los leales?”, agregó.

Con la derrota del FpV en las elecciones presidenciales del 22 de noviembre, el amplio espectro de traiciones existentes hasta esa fecha se redujo a una sola: dar una oportunidad de éxito al futuro gobierno del presidente electo Mauricio Macri.

Gobernadores, intendentes, legisladores y políticos en general que, por haber apoyado a la fórmula Scioli-Zaninni en los comicios presidenciales quedaron en la vereda de la oposición, salieron a manifestar su deseo de que el próximo gobierno sea fructífero, componedor, inclusivo, exitoso y federal. A la vez, muchos de estos mandatarios y representantes, expresaron su intención de trabajar en conjunto, apoyar y sostener al nuevo gobierno, facilitarle la tarea por el bien de todos, aportar ideas y a la vez exigir respuestas.

Como resultado de estos buenos deseos y generosos ofrecimientos opositores, una minoría “leal” (por suerte cada vez más minoritaria, valga el juego de palabras), se pronunció unánime y categóricamente: ¡¡traidores!!.

Qué fácil y cómodo es llamar a traidor a alguien desde la ausencia de cualquier responsabilidad; qué bravuconada cobarde es calificar de traidor al otro cuando no se asumió ningún compromiso; qué valentía de cotillón es señalar como traidor a los demás cuando no se debe responder por nada o por nadie.

Y me refiero específicamente a esos punteros rentados que hicieron buenos ahorros en estos años y vociferan lealtad hasta tanto puedan acomodarse nuevamente; a los dirigentes con “espaldas económicas” que politiquean especulando con el regreso; a los políticos “profesionales” que desde ya operan la vuelta de quien aun no se fue; a los eternos “teteros” del estado que no tendrán cabida en el nuevo gobierno para seguir mamando y por eso le auguran (desean más bien) dificultades y tropiezos; a los que tuvieron “bonanzas financieras” ilícitas en estos años, y temen ser investigados.

Es indignante la ferocidad con que esta runfla energúmena proclama traidores a gobernadores e intendentes que cargan sobre su humanidad la responsabilidad por la saciedad o el hambre, por la salud o la enfermedad, por la alegría o la desazón, por el progreso o el atraso, por la vida o la muerte de sus pueblos que los eligieron administradores y conductores de sus destinos.

Exentos de todo deber y compromiso exigen a gobernadores e intendentes, que sí los tienen, una rebeldía irracional, una negativa destructiva, una no cooperación auto lesiva, y una oposición a lo diferente solo por ser diferente.

Gracias a Dios estos mandatarios comprendieron, por conveniencia o razón, que aquí nadie avanza solo. Que lo bueno debe venir para todos y no para algunos, y que eso se logra en unidad. Que boicotear al gobierno nacional es agujerear el barco en el que vamos todos.

Qué bien nos iría a todos, los “leales” incluidos, si comenzaran a actuar como ciertos “traidores”.