8 días: El colapso

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Mientras en Argentina la prensa en general y los pundits siguen evaluando con una semana de atraso, se produce un colapso monumental en la campaña de Hillary Clinton.

Diría que por estas horas está mucho más perdiendo Hillary Clinton que ganando Donald Trump; eso no desmiente que antes de este colapso inesperado y colosal que se produce en tiempo real en la campaña de Clinton, el candidato republicano venía achicando puntos de nuevo a lo loco. Y eso obedece a algo muy simple que ayer y en muchas otras oportunidades hemos venido explicando con un único afán, entender antes que tomar partido. Es más difícil, pero es mejor. La razón es que la situación que empuja la candidatura de Trump, una candidatura como la de Trump, más allá su encanto natural y su carisma y por supuesto la repulsión que genera en sus detractores, siguen ahí.

La anemia de la economía que deja President Obama, el escaso crecimiento del empleo, la enorme cantidad de empleo genuino que los americanos trabajadores pierden frente a la mano de obra asiática, principalmente China y los latinos, el fracaso del Obamacare y la mala nueva de que llegan aumentos para todo el mundo en algunos casos del más del 100% y ni siquiera pueden conservar sus médicos de toda la vida. Muchos americanos se sienten estafados, se anotaron en el obamacare, porque la administración Obama lo promocionó a lo grande y ahora no pueden hacer lo que les habían prometido, por ejemplo conservar sus médicos de cabecera. ¿Por qué? Porque en muchos casos estos médicos ya no están en el Obamacare.

El terrorismo no es un tema menor y la mayoría de los americanos, posiblemente muchos de los que tienen una valoración positiva de Obama incluidos, sienten que la administración Obama gastó mucho y ganó poco en  medio oriente y en su lucha contra el terrorismo y Occidente en los últimos 24 meses ha sufrido sendos ataques, incluyendo algunos en territorio norteamericano (San Bernardino, Orlando y la mismísima Nueva York).  Son muchas razones para querer cambiar. A pesar de las muchas exageraciones que dice habitualmente en sus rallies Donald Trump, hay algo que dice que es efectivamente cierto: si la realidad fuera la que pinta Obama y Clinton, los rallies de Trump no serían tan concurridos y exitosos. Hace pocos días hasta el propio website Slate ultrademócrata y apéndice menor, pero apéndice al fin, de la campaña demócrata publicó: en los rallies, Trump sigue siendo el rey.

El secreto después de los carpetazos que lo mostraron como un hombre grosero, y no más que eso, para referirse a las mujeres fue seguir con lo que lo llevó hasta donde está: hablar de los mismos temas, de trabajo, de economía, del muro con México, del terrorismo islámico, del fracaso del Obamacare, etcétera, etcétera.

Antes de ayer en Florida, en un acto de campaña, Obama se preguntaba por qué por Marco Rubio que criticó duramente en su campaña a Donald Trump lo sigue apoyando y votará por él.

Tal vez el presidente no recuerde las cosas que él decía sobre Hillary Clinton en 2008 cuando estaban en la interna. Y en segundo lugar, tal vez la respuesta sea que los republicanos no tienen otra opción que apostar a ganador y eso combinado con la pobreza de la candidatura de Hillary Clinton completan una escena que en realidad revierte la pregunta: ¿por qué no habría de apoyarlo? Lo mismo cabe para Ted Cruz, que después de su escenita en la convención en Julio pasado en Cleveland no le quedó otra que apoyar a Trump.

El colapso de la campaña de Clinton se agrandó anoche cuando en vivo en FOX News Doug Schoen, un aliado de muchos años de Hillary Clinton y asesor de Bill Clinton en la Casa Blanca, anunció que retiraba su apoyo a la ex Secretaria de Estado. Esto sigue hoy cuando los medios tratan de señalar que el director del FBI a quienes veneraron durante meses a raíz de su decisión de recomendar no continuar con la investigación y eventual procesamiento a Hillary Clinton al Departamento de Justicia, ahora cambiaron radical y groseramente su posición. La gente no solo se da cuenta, sino que también genera el efecto contrario, mantiene gratis más vivo que nunca el drama que envuelve a Hillary Clinton y lo malo que se vería una presidenta electa enfrentando una investigación criminal. Simplemente no hay antecedentes en la historia de Estados Unidos. La campaña demócrata tiene los pelos de punta y no sabe que hacer y este lunes, a 8 días, Donna Brazile, quien fue expuesta pasándole las preguntas previo a los debates con Bernie Sanders que tuvieron lugar en la CNN durante la primaria, fue echada de la CNN, donde era colaboradora. Además Donna es la actual presidente de la DNC (Comité Nacional Demócrata) Cargo que tuvo que ocupar a las apuradas después de oh casualidad, la renuncia forzada de Debbie Wassermann Shoultz a quien también la pescaron in fraganti como actuaba en combinación con la campaña de Clinton para favorecerla a esta durante la primaria en perjuicio de Bernie Sanders. Ahora la DNC también queda en una difícil posición puesto que la expulsión de la CNN de Donna no es otra cosa que una admisión para nada solapada de culpabilidad y que CNN ante la inminencia de la derrota no quiere quedar pegado a un acto tan desleal. Ya había habido repercusión con Jack Tapper uno de los moderadores que dijo que le parecía repugnante que esto haya pasado. Donna Brazile ya la había pasado mal en un reportaje justo después del último debate porque no pudo explicar cual fue su rol y de paso se privó de condenarlo, en la paga de militantes demócratas que iban a pudrir los rallies de Donald Trump y la pasó peor cuando la para nada fan de Donald Trump, Megyn Kelly le preguntó una y otra vez qué pasó con las preguntas que ella le pasó a Hillary Clinton y su jefe de campaña John Podesta. ¿Qué hará el partido demócrata?

Llegamos a 8 días de las presidenciales con una escena totalmente diferente y opuesta a los que imaginaron los especialistas: El partido republicano más bien parece encolumnados atrás la candidatura de Trump y un tendal por venir en el Partido Demócrata, aún si se diera la remota posibilidad, y todo puede pasar en una campaña como esta, de que Hillary Clinton ganara el 8 de noviembre. No solo los encuestadores y los muchachos de 538 eventualmente deberán recalcular sus pronósticos y como fueron ganados por los deseos y tratando de operar mediante ellos, sino que también deberán hacer lo propio los especialistas.

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