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El Otro País
Política

Urtubey-Lavagna buscan frenar el sangrado en la tercera vía

El federalismo siempre estuvo presente en todas las elecciones a presidente en Argentina. La lucha entre las ideologías centralistas y federalistas estuvieron desde el armado político de este país en el siglo XIX. Sin embargo, nunca se encontraron tan marcadas en una campaña política como ahora y se manifiesta en la utilización de la figura del General Martín Miguel de Güemes en el binomio Lavagna-Urtubey y su Consenso Federal 2030. Güemes se muestra como una figura clave para el armado del frente.

No es casual que la primera conferencia de prensa haya sido en Salta, en el día que se celebra el aniversario de la muerte del héroe gaucho. Tampoco es fortuito, que ambos candidatos hayan salido con la escarapela con los colores de la bandera de Salta que son utilizados en el tradicional poncho salteño (semejante al que utilizarán los Infernales que acaudillara Martín Miguel de Güemes).

Más allá de estos datos de color, Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey buscan posicionarse como una tercera vía, que por ahora parece que está lejos de hacerlo. La polarización Macri-Cristina está dominando las encuestas, dejando muy atrás a Consenso Federal. Las mediciones más actuales le dan entre 12 y 14 puntos a Lavagna-Urtubey, posicionándose a 20 puntos por debajo de Macri y Pichetto y a 27 de la fórmula Fernández-Fernández, lo que los deja muy lejos para poder llegar a un eventual balotaje.

Sin embargo, desde el círculo íntimo del salteño, creen que Urtubey puede obtener algo más que una buena imagen para las elecciones de 2023. Están trabajando, sobre todo el consultor español Antonio Solá, para que el binomio Lavagna-Urtubey sea la fuerza que alcance la segunda vuelta, aunque eso por lo menos para mí está muy lejos. Para llegar al 24 de nobiembre, serán fundamentales los apoyos que puedan lograr. Ya se habla de que los radicales desencantados con Cambiemos y los peronistas que no quieren estar cerca del kirchnerismo se acercarían a Consenso Federal.

El 22 de junio vence el plazo para la presentación de las listas, es decir, que se va a saber quiénes serán los precandidatos en las próximas PASO. Además, ese día inicia formalmente la campaña electoral y se conocerán los apoyos a las fuerzas ya conformadas. Lavagna-Urtubey esperan quedarse con las figuras residuales que no cerraron ni con Macri ni con Cristina, lo que por ahora se desconoce qué poder de fuego tienen. Juan Schiaretti será fundamental, es la figura más fuerte que existe en el país, fuera de Macri y Cristina.

En enero, un sector muy cercano al armado de la campaña del salteño decía que en marzo Urtubey iba a superar los 12 puntos y para cuando sean las PASO llegaría a los 16, que serían suficientes para ganar la interna a Roberto Lavagna, Sergio Massa y Miguel Pichetto. Esa estrategia, poco a poco se fue diluyendo, ya que Urtubey nunca superó los seis puntos, ni en sus mejores momentos y el frente Alternativa Federal quedó en la nada misma.

En estos días, círculo íntimo le recomendó al salteño que empiece a trabajar en el posicionamiento de su imagen de cara a las elecciones 2023, sin embargo Urtubey cree que hay una chance de llegar al balotaje, aunque sea mínima. Lamentablemente, las candidaturas de las PASO se definieron en el escritorio y queda poco margen para armar estrategias post primarias. Massa ya arregló con el kirchnerismo e iría como primer candidato a diputado nacional, con el único fin de quedarse con la presidencia de la Cámara. Una vez más, el tigrense baja sus expectativas.

Que se haya unido a Lavagna tampoco es casual, fue el único candidato, de la ya arcaica Alternativa Federal, que no se decantó naturalmente por Cambiemos o el kirchnerismo y además le puede dar el impulso necesario para llegar a Balcarce 50, aunque sea de vicepresidente. Como ya sabemos, Massa cerró filas con la fórmula Fernández-Fernández, mientras que Pichetto se convirtió en la pata peronista dentro del PRO. Ambos candidatos cayeron en la grieta, pese a que en un inicio armaron un frente para superarla. 

Sin embargo, pese a ese escenario tan adverso, Lavagna puede significar un trampolín para el 2023 para Urtubey. De perder, la carrera política en las grandes ligas del exministro de economía, estará acabada, sin embargo, la de Urtubey recién comenzaría. Si su idea es posicionarse para las elecciones que vienen, es un buen momento porque el escenario electoral ya no estará tan polarizado como ahora. El salteño puede construir una alternativa real y con posibilidades para acceder al sillón de Rivadavia, aunque es una discusión absurda, ya que todavía faltan cuatro años.

Pese a que el Gobernador de Salta afirmaba hasta hace una semana que no se iba a bajar de su precandidatura a presidente, sabía que ir solo y obtener los 4 puntos que hoy mide, lo llevarían a convertirse en un Nicolás del Caño. Urtubey se dio cuenta que tenía que pagar derecho de piso y quedar como el candidato menos votado terminaría minando sus aspiraciones al 2023.

De no llegar al balotaje, su comportamiento después de las elecciones generales también será fundamental. Podría mantenerse tibio o jugarse por Macri o Cristina, sin embargo, así no conseguirá el título de referente opositor, como fue el tigrense en el 2013. Tiene que mantener su imagen fuera de la grieta, e intentar construir un electorado que ya está cansado de esa polarización. Dejar de coquetear con ambas fuerzas.

Por ahora, estas elecciones muestran dos cosas. Que es imposible que el futuro del país se defina fuera de Macri o Cristina, y que en este momento, una tercera vía no tiene lugar en el país.