El Otro País
Nacional

El feudo

La provincia de Formosa se ha convertido casi en un feudo por los manejos no tan claros de su gobernador Gildo Insfran, quien se ha visto envuelto en escándalos electorales, denuncias por corrupción y narcotráfico.  Gildo Infrán ha logrado perpetuarse en el poder gracias a la reforma constitucional que hizo y permite que la reelección sea indefinida. Formosa, después de casi 30 años de Gildo se podría comprar a un país europeo, no por la calidad de vida de sus ciudadanos sino por la forma de gobierno: una monarquía feudal.

Hace unos días nos enteramos que nunca se pudo levantar en Formosa el radar fijo que quería instalar el Gobierno nacional porque el gobernador Gildo Insfrán no habilitó las obras de infraestructura que necesitaba. ¡Dios mío!

Pero repasemos un poco sobre la vida política de este personaje. La historia empieza en el año 1987. Hasta 1995, Insfrán fue vice gobernador de Formosa, y desde ese año hasta la fecha ejerce la gobernación de esa provincia y durante ese tiempo poco parece haber cambiado. Formosa tiene la tasa de mortalidad infantil más alta de Argentina con un índice de más de 21 muertes por cada mil nacidos vivos. Casi el 50 % de los hogares está tipificado como precario, es decir, son ranchos o casillas. Los índices de casos de tuberculosis entre la población indígena, que constituye más del 80 % entre Wichí, Pilagá y los Toba Qom, son los más altos del país. Más del 44 % de los formoseños carece de acceso constante, seguro y cercano al agua potable. Asimismo, el trabajo informal, o en negro, afecta a casi el 47 % de la población activa de Formosa.

Estos indignantes datos no muestran signos de mejora desde hace años. En parte es por la conveniencia de las autoridades para mantener carenciada a la población, para así seguir fortaleciendo a un estado provincial dadivoso y “benefactor” que se cobra con votos las miserables ayudas que esporádicamente brinda. Por otra lado, se debe al absoluto desinterés de Gildo Insfrán y sus funcionarios de cumplir con sus obligaciones para con los habitantes de Formosa, ya que el goce del poder total y sus negocios personales parecen ocupar todo su tiempo.

Volviendo al tema del radar. Las obras demoradas datan del 2014. La instalación del radar que viene de la gestión anterior, formaba parte del llamado Escudo norte que quedó a mitad de camino. Para que el radar en Pirané se instale, Nación necesitaba que Gildo ponga a trabajar a sus muchachos ya que se debía hacer el desmonte en el lugar, la provisión de energía eléctrica, la construcción de una casa para el personal de guardia y el tendido de fibra óptica para la trasmisión de datos. Pese a que el ministerio de Planificación de aquel entonces, Julio de Vido, le giró los fondos para infraestructura, las obras nunca fueron hechas. Por el momento, no hay señales de inicio de las mismas.

Otros casos sospechosos

En Formosa fue resonante el caso de la ex concejal Blanca Denis, cuyo sobrino Nahuel Denis fue detenido en una camioneta propiedad de su tía con dos kilogramos de cocaína, pero quienes terminaron acusados fueron dos policías que intervinieron en el procedimiento.

O el caso de Pedro Ramón Bareiro, ex asesor del gobierno de Gildo, a quien una patrulla de la Policía Federal le encontró más de 50 kilos de cocaína en panes luego de que volcara en la localidad formoseña de Monte Lindo la camioneta Toyota Hilux registrada por la Dirección de Compras y Suministros del Ministerio de Economía, hacienda y Finanzas de Formosa, y que Bareiro conducía acompañado de su esposa y un hijo.

O el caso del ex concejal de la localidad de Estanislao del Campo, Héctor Hugo Palma, a quien se le encontraron más de 700 kilos de cocaína en un campo de su propiedad. Como dato gráfico del corporativismo delictivo y la naturalización de este tipo de “emprendimientos comerciales” entre los políticos de Gildo, resaltamos que los compañeros concejales de Palma se negaban a destituirlo a pesar de la gravedad del hecho, y solo accedieron a ello ante la inminencia de una intervención al municipio.

El más reciente fue el caso de narcotráfico vinculado a Insfrán ocurrió cuando personal de Gendarmería Nacional detuvo en la madrugada del sábado 15 de octubre un camión perteneciente a Liliana Mabel Tijera Insfrán, sobrina de Gildo, en el que se transportaban 2.543 kilos de marihuana disimulados en cajones de zapallitos. Este hecho produjo la inmediata reacción de Gildo Insfrán: ¿Cooperar con la justicia?, ¿exigir a la justicia que investigue a fondo y que caigan quienes deban caer? ¡No!, denunciar una operación política en su contra.

Tal como ocurría en la antigüedad, en el feudo de Insfrán la desobediencia y la rebeldía se pagan caro. Esto lo pueden atestiguar el ex intendente de Formosa, Gabriel Hernández, y siete periodistas que fueron condenados a indemnizar con dos millones de pesos a Insfrán, por haber permitido que un oyente se expresara, durante la emisión de un programa radial conducido por Hernández, con respecto al suicidio de un hijo de Insfrán. La argumentación de la sentencia dada por la jueza civil Giselle Verónica Drovandi se asemeja más al obituario de un familiar que a la fundamentación de un fallo: “es evidente que la paz de ese eterno descanso en el que debió y debe reposar por siempre el alma del joven Gildo Miguel Insfrán ha sido perturbada, desdeñando con ello el corazón de su padre como el de toda su familia, que debe a su vez convivir con dicha realidad involuntariamente”.

En fin. Mientras los formoseños excluidos siguen clamando, desde hace décadas, por trabajo, salud, educación, viviendas, AGUA y libertad, Gildo representa lo más retrógrado de la política argentina que no tiene intenciones de producir recambio en las instituciones democráticas. Parece que al clan Insfrán solo le interesa eternizarse en el poder.