El Otro País
Opinión

Maravillosos traidores que depura la democracia

Quién hubiera dicho que la palabra traidor, tan usada durante los años del kirchnerismo para calificar así a quienes no comulgaban con las políticas oficiales o adherían a otras ideas, adquiriría en la posteridad de los gobiernos del matrimonio Kirchner un sentido virtuoso. En Argentina todo es posible.

También pasaba a ser traidor todo aquel que, por la razón que fuere, dejaba de acompañar la marcha del modelo o dejaba de acatar y venerar a la presidenta Cristina Fernández. Y así, el país fue llenándose de “traidores” inocentes, porque los motivos que los llevaron a tener que cargar con ese deshonroso calificativo para nada ameritaban tal mote.

Pero el poder se termina y el rencor permanece. Es más, muchas veces se acrecienta y se inflama debido a que el “ofendido” toma conciencia de que su “ofensor” ha perdido el poder, está en el llano, es vulnerable.

Hoy, los “traidores” tienen el poder, y lo saben. Los “ofensores” tiemblan, se esconden, ensayan débiles defensas o directamente huyen en silencio. Porque saben que el peor enemigo es el que estuvo adentro, el que conoce las intimidades, el que vio todo de primera mano.

Bastó que Milagro Sala fuera presa, para que cientos de “traidores” entre los que hay ex compañeros, cooperativistas, beneficiarios de las viviendas, colegios, dispensarios y balnearios sociales construidos por Sala se avalanzaran ante la justicia para contar con detalles cuál era el precio a pagar por gozar de esos beneficios; cuánto se les retenía ilícitamente si es que querían cobrar algo; cuáles eran los castigos por no obedecer o cuestionar las órdenes que se les impartían; cómo se podía llegar a perder todo y quedar en la calle si Sala así lo disponía.

Los “traidores” denunciaron desfalcos, lavado de dinero, apremios ilegales, narcotráfico, trata de personas, enriquecimientos ilícitos, dádivas, y hasta hubo “traidores” bancarios que aportaron videos que mostraban cómo se llevaban millones sin control ni justificación.

Le cortó los “víveres” Lázaro Báez a Leonardo Fariña, y éste último lo “traicionó” revelando la compra irregular de inmensos campos por parte del empresario santacruceño, y aportó datos acerca de cómo facturaban para lavar dinero, la relación comercial Báez-Kirchner, sus negocios inmobiliarios conjuntos, el traslado de millonarias sumas en bolsos desde Buenos Aires a Santa Cruz, y todo un entramado de empresas dedicadas a la sobrefacturación de obras con la venia de Néstor y Cristina, quienes a su vez recibirían un alto porcentaje de esas operaciones.

Daniel Pérez Gadín, contador de Lázaro Báez, lo caga a Federico Elaskar en la compra de la financiera SGI, y Elaskar se decide a contar cuántas empresas fantasmas creo Báez en el exterior para lavar y fugar dinero; quiénes participaban en estas operaciones y cuáles eran los roles que cumplían; hacia qué países llevaban parte del dinero, además de fecha, día, hora de muchos de los viajes, y matrícula del avión propiedad de Báez en que lo hacían. Y para reafirmar sus dichos, pone a circular videos internos de la financiera SGI (Elaskar podía acceder remotamente a lo que esas cámaras filmaban ya que fue él quien las mandó instalar cuando creo la financiera), en la que se ven desfilar notorios personajes vinculados al kirchnerismo contando millones de dólares, Euros y pesos en tiempos de cepo.

Lázaro Báez se siente traicionado por los dichos del ex titular de la AFIP, Ricardo Echegaray quien dijo “Báez va a terminar preso”, y por Alicia Kirchner que le quitó 24 obras en la provincia, por lo que Báez lanza una frase que los deja tambaleando a los dos: “Yo puedo explicar mi patrimonio, Echegaray y Alicia Kirchner no”, y deja en el aire la advertencia, percibida claramente por todos, que si cae, junto a él también caerán otros muchos.

Cristina Fernández ordena atacar y difamar a Diego Bossio, ex titular del ANSEs, por su deserción del bloque de diputados del Frente para la Victoria, y Bossio se siente “traicionado”, por lo que a su vez “traiciona” a Cristina aclarando que la distribución de la pauta oficial era manejada exclusivamente por la ex presidenta. Y entre los grandes beneficiados con la pauta se encuentra el amigo y ¿socio? de los Kirchner, Cristóbal López, que con las fabulosas cifras cobradas en concepto de pauta oficial levantó un imperio mediático al servicio del kircherismo.

Sergio Szpolski traiciona a Matías Garfunkel quedándose con dinero de la pauta oficial que ambos debían repartirse en partes iguales por ser socios en varias señales canales de televisión y varias radios que defendían a ultranza al modelo y a la ex presidenta Cristina Fernández, por lo que Garfunkel traiciona a Szpolski revelando que lo estafado asciende a 800 millones de pesos, comprometiendo seriamente a la ex presidenta que era quien disponía quiénes y cuánto recibirían en pauta.

Así está el país. A cada uno que le largan la mano(o lo traicionan, para hablar en léxico K), se despacha con una traición que involucra y arrastra a docenas de potenciales traidores en el día de mañana, dispuestos a dar, por calentura y no por arrepentimiento, cantidad de detalles, cifras, nombres, lugares, empresas y negocios sucios, con lo cual bosquejar, tratar y aprobar una ley del arrepentido deviene en algo ocioso, ya que la “ley del traicionado y del traidor” está resultando sumamente eficaz tanto para la justicia como para los argentinos que tenemos derecho a saber dónde está el dinero que nos robaron.

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