Vidal: A un año del quiebre histórico en la política bonaerense

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Hace un año, una mujer con poca militancia “callejera” y solo algunos años como funcionaria del gobierno porteño de Mauricio Macri alcanzaba la gobernación de la provincia emblema del peronismo, Buenos Aires. La historia política argentina hacía ese día un quiebre histórico e inimaginable tanto con el justicialismo como con el predominio masculino en el ejercicio de ese cargo. Antes de las elecciones era impensado que una mujer y menos del PRO podía ser electa como primera mandataria de la provincia más habitada del país.

La elección de María Eugenia Vidal sorprendió a todos. Tímidamente, en el 2013 comenzó a recorrer la provincia de Buenos Aires. El objetivo era lograr cierto nivel de conocimiento entre los bonaerenses, e ir sondeando cómo caía en la gente su figura, su manera de hacer política visitando a los vecinos casa por casa y escuchándolos, pero sobre todo para medir entre los bonaerenses su imagen. Desde el PRO querían conocer el impacto que causaba el hecho de que una mujer manifestara sus aspiraciones de candidata a gobernador del distrito más complejo del país, un territorio de barones interminables y compañeros imbatibles.

Fanática de las series americanas como Grey’s Anatomy, Homeland y Game of Thrones, las primeras incursiones de Vidal en tierras bonaerenses anecdóticas y simpáticas. Casi que causaba ternura ver a esa mujer de apariencia frágil transitar las calles y detenerse a conversar con algunos vecinos acerca de sus preocupaciones, anhelos y necesidades. Todo esto ante la indiferencia de los distintos referentes zonales del peronismo, que no veían peligro electoral alguno en que Vidal recorra sus jurisdicciones. Hasta se lo permitían con displicencia socarrona e ínfulas triunfales.

Poco tiempo debió pasar para que los punteros y jefes territoriales se dieran cuenta de que esa debutante en la política grande era escuchada y tomada en serio por los habitantes del gran Buenos Aires, que subía punto a punto en la intención de voto, y que sus “reinados” se encontraban en riesgo real.

Como suele hacer el peronismo cada vez que se ve amenazado, sus dirigentes salieron rápidamente a desestimar las chances reales de Vidal, a cuestionar su capacidad de gestión, y a poner en duda su creciente aceptación entre los bonaerenses. Otros, por soberbia, optaron por el sarcasmo y la descalificación, como fue el caso de su competidor Aníbal Fernández, quien se “esmeró” bastante en este aspecto: “Vidal necesita un GPS para saber dónde queda Avellaneda”, “Of course que le gano a Vidal. Por 10 puntos”, “A las elecciones las gano caminando”, fueron solo algunas de las “propuestas” de campaña enunciadas por Fernández, que claramente jugaron a favor de Vidal

Otro de los “machos” de provincia que se lució por aquellos tiempos de campaña fue Felipe Solá, quien dijo: “No nos compremos el cuento de Heidi”, “la quieren hacer pasar por buena”, dejando inconscientemente rondando  en la cabeza de los votantes la idea de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Una concepción retrógrada y nefasta que los electores no estaban dispuestos a aceptar.

Con mucho carisma personal, sin pretender demostrar firmeza y la autoridad con discursos vociferados, y convenciendo a los votantes uno a uno y casa por casa, Vidal logró instalarse como la “tapada” que podía dar el batacazo en la provincia de Buenos Aires, tal como finalmente ocurrió el 25 de octubre de 2015 en que se convirtió en la primera mujer en llegar a la gobernación de ese histórico bastión peronista, con el 39,79 % de los votos, y a la vez sacándole un diferencia de más de cinco puntos al candidato del Oficialismo nacional, Frente para la Victoria, Aníbal Fernández.

Este quiebre histórico en la política bonaerense no solo se dio a nivel gobernación sino que, para mayor dolor y bronca justicialista, se extendió a municipios dominados durante décadas por el peronismo, muchos de ellos en manos de los llamados barones del conurbano, logrando Cambiemos en esa categoría quedarse con 64 intendencias.

En su primer año de mandato como gobernadora de los casi 17 millones de personas que habitan la provincia de Buenos Aires con su quebranto financiero, sus mafias policiales, del juego, las drogas, la prostitución, la inseguridad, la falta de viviendas, salud en colapso, pobreza, y desinversión en infraestructura general María Eugenia Vidal ostenta un índice de aprobación mayor al 60%. Su imagen positiva actualmente supera a la de Mauricio Macri, Sergio Massa o Cristina Kirchner.  Es por eso que con llevar adelante una gestión medianamente eficaz en esa provincia descuidada, explotada, saqueada y solo tenida en cuenta en tiempos de elecciones, su carrera política estaría lejos de haber llegado a su techo.

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