¿Somos todos responsables por la muerte de Brenda?

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Nuevamente la muerte dijo presente en la provincia de Salta, para dejar su macabro sello. En este caso, utilizó una vieja aliada que parece gozar de la salud: la desnutrición, que por desgracia avanza silenciosamente y sigue matando a los niños aborígenes.

Brenda Vega, de dos años y la menor de siete hermanos, murió el 21 de abril. El certificado de defunción que dieron a conocer los medios y estaba firmado por el médico forense de la Policía de Salta, Mario Moukarzel, fue determinante. Brenda murió por “broncoaspiración, gastroenteritis aguda infecciosa, trastorno metabólico y desnutrición”.

La niña, perteneciente a la etnia wichi, partió sin haber gozado jamás de derechos elementales que todo ser humano tiene como ser el derecho a la alimentación, a la atención, a la salud. Estaba asentada junto a su familia en el paraje Medialuna, ubicado a 25 kilómetros de la localidad de Dragones, al norte de la provincia de Salta.

La pequeña comenzó con diarrea y vómitos, pero lograron estabilizarla en el puesto sanitario de Dragones. Días después tuvo una recaída con tos y fiebre. Brenda fue derivada al hospital San Vicente de Paúl, de Orán, pero su cuerpito no aguantó más y falleció en la ambulancia, cuando era trasladada en grave estado.

Para la familia Vega la desnutrición no es la primera vez que los golpea. Mauricio Vega y Nancy Choque, los padres de Brenda, en 2008 sufrieron un hecho similar. Su bebé Fernando, también había muerto por problemas de bajo peso.

La desnutrición, supongo, no es un estado al que se llega de una semana a la otra de mal comer o no alimentarse. El sentido común me dice que es un proceso continuado y prolongado, en el que la persona, progresivamente, va deteriorándose físicamente, y con ello sobrevienen las enfermedades que determinan su muerte. El ministro de la Primera Infancia, Carlos Abeleira, detalló que en la provincia “hay unos 2 mil casos de niños con bajo peso en toda la provincia, algunos de ellos en estado de gravedad en constante crecimiento”.

Asumiendo que esto es así, inevitablemente debemos preguntarnos: ¿por qué se dejó y se deja avanzar esta mortal situación sobre seres humanos acreedores plenos de todos los derechos humanos que les garanticen la vida, y una vida de calidad? ¿Qué otra cuestión más importante que la vida puede ocupar las horas y los esfuerzos de los funcionarios gubernamentales del área de la salud responsables de que ese derecho se cumpla, y que esto no solo sea un artículo de nuestra constitución, o una declaración magna a la que como país adherimos?.

Abeleira, debió admitir la existencia del caso, a casi un mes de ocurrido, y la razón del fallecimiento, desnutrición, debido a que el mismo se hizo público a través de las redes sociales. De otro modo, la muerte de Brenda habría sido otra muerte anónima, escondida o negada con el objeto de mostrar una buena “performance” tanto del ministerio de la Primera Infancia como de su titular. Desde el Gobierno provincial no tuvieron otra alternativa que asumir la problemática. “La muerte de esta niña es un tema que nos duele a todos. El certificado médico habla de un cuadro respiratorio agudo y menciona el tema de la desnutrición”, admitió Abeleira.

Ya conocido y llegado a todos los medios el caso, Abeleira reaccionó como político antes que como ser humano o responsable superior de un ministerio que custodia, nada más y nada menos, la vida de niños y declaró a El Tribuno: “no basta con discutir si (Brenda) murió o no de desnutrición y el peso que tenía la nena. Falleció una niña y somos todos responsables, y lo asumimos”.

No, claro que no basta discutir ni la causa de fallecimiento ni el peso de la niña. No solo no basta, es inútil. Brenda ya padeció, ya agonizó y ya murió. Ahora, con los resultados a la vista, es hora de discutir la idoneidad y el compromiso que el ministro Abeleira ostenta, o no, para ejercer un cargo donde los fracasos se pagan con vidas de niños. Y lo que los resultados nos revelan, es que el ministro Abeleira no ha tomado dimensión de lo sagrado de su misión por aquello que le toca velar.

Ahora vendrán días en que los hermanitos de Brenda recibirán extraordinariamente los cuidados y el interés que debieron recibir siempre y ordinariamente, y así tal vez logren salvar sus vidas. Y aunque salvar sus vidas suene a mucho, es poco, porque aun salvando sus vidas han perdido la niñez, y seguramente quedarán intelectualmente muy limitados, con lo que su futuro escolar y posteriormente laboral será muy arduo.

La desnutrición es una problemática que deja en las sociedades muerte y seres humanos disminuidos, que por el resto de su existencia deben afrontar la vida en inferioridad de aptitudes. Un calvario que comienza en la niñez y que se prolongará hasta el final de sus días. Algo que nadie merece ni se puede justificar de ninguna manera.

Estos dolorosos fracasos, como lo son las muertes, deben tener consecuencias sobre sus responsables primarios. De lo contrario, las noticias de fallecimientos e incremento de la población de ciudadanos en condición de desnutrición serán una constante natural que tendrán siempre los mismos consabidos finales: ministros desplazando las culpas hacia subalternos negligentes o hacia las propias víctimas, y salvando sus cargos haciendo pagar los costos a algún “perejil”.

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