Salta: la impune, la misógina y la patriarcal

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Con los brazos cruzados e imperturbable, Juan Rosario “Chicho” Mazzone escuchaba atentamente la lectura del fallo del Juez de la de la Sala I del Tribunal de Juicio. Sus dos extremidades se apoyaban sobre su pronunciada panza y su cabeza calva se movía de un lado para otro. “Chicho” en ningún momento se mostró angustiado o inquieto. Parecía que tenía la certeza que la Justicia iba a ser indulgente con él y sus compañeros de fechorías. Al finalizar el veredicto, Mazzone se puso de pie y le dio un apretón de manos a su abogado, René Gómez. También abrazó a dos hombres que se encontraban detrás de él. En un momento, en su rostro se dibujó una pequeña sonrisa, pero enseguida volvió a borrársele. El exintendente de El Bordo quedaba en libertad.

La sala estaba repleta. Por la cantidad de medios y personas que asistieron la audiencia tuvo que ser trasladada al Salón de Grandes Juicios. Entre el público se encontraban los familiares de las víctimas y los que apoyaban al exintendente de El Bordo. Esa parte de la sociedad que aún continúa siendo misógina y conservadora, aquella que no se pone colorada cuando apoya a un corruptor de menores. Con una camisa a rayas mangas cortas y un pantalón de vestir beige, Mazzone se fue como llegó a este juicio, en libertad.

Después de dos semanas de alegatos, terminó uno de los juicios más polémicos en la provincia que estuvo cargado de anécdotas para el olvido. Por ejemplo, en medio del proceso, Liliana Mazzone, prima del detenido y funcionaria pública de Salta, hostigó a las víctimas publicando fotos de las menores en su muro de Facebook. La prima de “Chicho” tenía la clara intención de culpar a las niñas, de mostrarlas como “chicas fáciles”, que están acostumbradas a tener este tipo de comportamientos y que no son hijas de buenas familias.

Esa conducta fue repudiada por diferentes facciones feministas y defensoras de derechos humanos. Hasta por el propio gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, declaró que iba a evaluar la expulsión de la actual coordinadora de Relaciones Internacionales e Institucionales de la Casa de Salta en Buenos Aires. Con todo ese repudio, hoy trascendió que Liliana Mazzone renunció a la coordinación de la Casa de Salta. Algo que se debería haber hecho antes. En declaraciones a la prensa, el gobernador Juan Manuel Urtubey expresó: “Entiendo que ya habrían aceptado sus renuncia”.

La violencia de género es parte de una cultura patriarcal en Salta y como funcionaria pública tiene que ayudar a desterrar ese pensamiento y no lo contrario, como ocurrió acá. En el gobierno de Urtubey, una empleada del Estado (en su momento) culpó, revictimizó, estigmatizó y vulneró los derechos de una menor. Liliana Mazzone naturalizó un hecho que constituye delito grave, como es el de corrupción de menores.

El viernes, los jueces consideraron que Mazzone, junto a los remiseros Eliseo Elías Valdez y Manuel Santiago Amador, fueron coautores penalmente responsables del delito de corrupción de menores. Estos tres sujetos recibieron la pena mínima de 3 años (la máxima es de 10) de prisión condicional. “Chicho”, al igual que Valdez y Amador, seguirán en libertad demostrando una vez más la fragilidad que tiene la Justicia salteña. La cárcel sigue siendo para los pobres, para los perejiles.

Al finalizar la última audiencia, Mazzone salió por la puerta trasera de Ciudad Judicial. No se detuvo a charlar con la prensa. Mientras caminaba apurado solo comentó lo siguiente: “Soy muy querido en el pueblo y para cualquier cargo podré llegar. No lo descarto (ser candidato). Tengo 64 años de buen comportamiento”. Mazzone planea seguir en la política ya que la (in)Justicia no lo inhibió para ocupar un cargo público ni presentarse en elecciones. “Chicho” si quiere puede presentarse como candidato en los siguientes comicios. Algo que espero que ocurra. ¿Por qué? Porque quiero que sea el pueblo de El Bordo quien realmente lo castigue. Y si no es así, si es nuevamente elegido, que ellos carguen con la culpa de tener entre sus representantes a un condenado por corrupción de menores.

En Salta, en el 2014 se declaró la emergencia social contra la violencia de género. Poco cambió desde ese momento hasta la actualidad. La sociedad salteña sigue naturalizando la violencia contra la mujer y sigue responsabilizándolas a ellas de ese maltrato.

En esta Salta patriarcal, es natural que el intendente de una localidad se pasee en slip, con un tetrabrik en la mano y se saque fotos con una menor semidesnuda. Parece que también es natural meterse en la pileta con ellas, hacerle insinuaciones sexuales, y querer jugar al “tiburón” con ellas. Juego que consistía en que las chicas tenían que escapar de su acosador (Mazzone) que perseguía sediento a sus presas (las menores).

Por más que la fiscal de la Unidad de Delitos Contra la Integridad Sexual, María Luján Sodero, haya considerado que el fallo fue “ejemplificador” por ser condenatorio y sentar un precedente, es todo lo contrario. Es una vergüenza y demuestra la impunidad que tiene el poder político en una provincia como Salta, que todavía sigue siendo impune, misógina y patriarcal.

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