Nisman, el muerto que no para de morir

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A más de dos meses del “asesinato/suicidio” de Alberto Nisman, la muerte del fiscal sigue dejando más dudas que certezas. Amado por la clase opositora al kirchnerismo y odiado por los que son afines al Gobierno nacional, el fiscal pasa de ser superhéroe a supervillano sin escalas. Nisman se ha convertido en Harvey “Two-Face” Dent, el cruel villano del famoso cómic Batman.

Pero lo que más asusta, es como algunos sectores quieren desprestigiar al fiscal. Putañero, gay, coimero, fiestero, lacayo de Israel y Estados Unidos y hasta Anibal Fernández se animó a tildarlo de “sinvergüenza”. Algo que, a primera impresión resulta una bajeza, ya que Nisman no está para defenderse.

Pero todos esos adjetivos, tienen un fin. Desacreditar al fiscal.

¿Por qué? Esa es la idea final, crear dos Nisman. Uno tan justo, que hasta dio su vida por la verdad y otro tan oscuro, que era capaz de gastar dinero público en prostitución vip. Instalando ese tópico en la opinión pública nos olvidamos de lo que importa. El Tratado con Irán y si hubo complicidad del Estado nacional para encubrir a los terroristas acusados de volar la Amia. Nos olvidamos de quién mató a Nisman.

Quizás nunca sepamos qué pasó con el fiscal. Pero si vamos a saber que la fiscal Viviana Fein metió a nueve personas sin protección en la escena del crimen. Sabremos con que arma se disparó. Como estaba su cuarto, su cocina, su living antes de morir. También lo habremos visto a Nisman muerto, desnudo, tirado en el baño, hundido en charco de sangre. Sangre que nos manchó a todos. Porque en Argentina, se mató a un fiscal.

Embarrando la cancha

Una semana antes de morir, Nisman le había dicho al diario Clarín: “Yo puedo salir muerto de esto”. Sabía el riego que corría al involucrar actores de tanto peso como Irán, la Side, Stiusso, el Gobierno nacional, Israel y Estados Unidos. Quizás, al fiscal no le daba miedo terminar tirado en el piso del baño de su departamento en Le Parc, en Puerto Madero, pero si le preocupaba lo que se podía llegar a decir de él para embarrar la cancha. Le preocupaban sus hijas. “Le tuve que decir a mi hija que iba a escuchar cosas tremendas de mi persona”, le dijo a Clarín. Como adelantándose a los hechos.

Ya nada es creíble ni increíble. El caso se volvió tan grotesco como macabro.  En estos días con la publicación de las fotos sobre como fue el allanamiento y en la que se lo ve a tirado en el piso del baño todo ensangrentado y desnudo, se llegó al máximo la ridiculización de la muerte del fiscal.

La vida privada de Nisman, dejó de ser privada. Tomó estado público. El secreto de sumario de la causa, dejó de ser secreto. Tomó estado público. Se conocen tantos detalles, que solo destapan la ineficiencia que tiene el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. Hasta el propio secretario de Seguridad, Sergio Berni,  dijo que “hay secreto de sumario y hay que ser respetuoso”. Algo que nunca se logró.

Primero, se dijo de que había sido un crimen pasional gay y que el principal sospechoso era su amante. Todos apuntaron a Lagomarsino. Desde el Gobierno nacional primero alentando la de un suicidio después de un suicidio inducido y ante las evidencias que echarían a pique decidió alimentar la teoría de que Nisman era un acérrimo consumidor de prostitución vip y coimero. Mientras que la gente que no comparte los ideales del kirchnerismo pide que se siga investigando la causa por encubrimiento y la muerte del fiscal. Están embarrando la cancha.

¿Efecto contrario?

La responsabilidad de los medios en este caso es fundamental. Lejos de querer ser enjuiciador, a los medios por lo menos le cabe una responsabilidad moral y ética sobre las noticias que publican.  El peso de esas dos palabras deberían ser más importante que las primicias y el apuro para ser los primeros y publicar cualquier información que aparece en una redacción. Pero sabemos que la realidad es muy distinta. En las redacciones solo se tiene en cuenta la inmediatez y dejar que el público decida. Algo que a priori parece muy peligroso, ya que no se miden las consecuencias.

Blureada, pixelada o desenfocada algunos medios se animaron a publicar la foto del fiscal Alberto Nisman muerto. Con la leyenda “Esta imagen puede herir la sensibilidad del lector”, el sitio de noticias CN24 publicó la foto del cadáver del fiscal Alberto Nisman, instantes después de su muerte. Esa etiqueta de advertencia, con la que se justifican los medios para publicar las peores atrocidades, en todos los casos esa frase vuelve automáticamente a lo publicado como algo deseado. Provoca un efecto contrario a lo que se pretendía. El morbo funciona así. Tenemos una atracción hacia lo desagradable. ¿Quién no vió la imagen de Nisman muerto? O mejor pregunto, después de haberla visto, ¿quién no la volvería a ver?

Pero ese día. Ese viernes en la tarde noche fue abogado Adrián Bastianes quien decidió publicar a través de su cuenta de Twitter la foto sin ningún tipo de tratamiento. Esa foto que había salido del expediente de la causa y que hasta ese momento en ninguna redacción se había animado a dar a conocer sin censura. Ese tuiter desató un escándalo y fue condenado por todos, pero sin embargo, nadie dejó de verla. Mientras tanto, Nisman, sigue siendo el muerto que no para de morir.
(El Otro País tiene todas las fotos que se filtraron y nunca las va a publicar)

 

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Mail: martin@elotropais.com.ar

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