Los barones del interior

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La gran mayoría de los políticos de nuestro país (y digo “gran mayoría” para no dar por muerta mi esperanza de encontrar excepciones algún día diciendo desde ya “todos”) interpretan a la política como un estado de vida excepcional en el que, una vez alcanzado el poder o algún cargo de responsabilidad, quedan exentos de todas las normas que deberían regir la vida ciudadana, política, laboral y demás. Y aquí no digo algunas normas, sino todas: normas éticas, morales, judiciales, partidarias y hasta religiosas.

Sería ocioso y redundante hablar de las transas legislativas a cambio de favores, de los “garrochazos” partidarios para caer en el bando ganador, de los salvadores fueros para eludir la justicia, las designaciones familiares o nepotismo, o la perpetuidad en el poder. Todo esto lo vemos diariamente mientras experimentamos una “profiláctica” sensación.

El voto nuestro es indispensable para colocarlos en el poder, y otorgarles la potestad de administrar y legislar, pero hasta allí llegamos. Carecemos de poder para limitarlos, para exigir conductas éticas, para vetar prácticas viciadas o fiscalizar gastos y obras.

Los municipios del interior, será por eso de “pueblo chico infierno grande”, parecen ser los ámbitos predilectos para el desmadre integral, en todos los aspectos. Allí convergen y afloran no solo los “tradicionales” vicios de la democracia como lo son la corrupción y el amiguismo, sino también otros tipos de abusos e ilícitos más graves y repudiables que los anteriores.

En el año 2013, el intendente de la localidad salteña de Salvador Mazza, Carlos Villalba, era detenido en un prostíbulo. A partir de esa “desgracia”, comienzan a investigar la gestión Villalba, y se dan con innumerables irregularidades con fondos públicos, lo que finalmente derivó en su destitución y procesamiento por peculado, malversación de caudales públicos, desvíos de recursos provinciales y nacionales, libramiento de cheques sin fondos, entre otros, todos comprobados por la propia Auditoría General de la Provincia.

En 2015 le llega el turno del escándalo al intendente de El Bordo, Juan Rosario Mazzone, cuando trascienden fotos de él junto a menores, todos casi desnudos y en un festejo casi orgiástico. Luego de esto, inevitablemente saltan las irregularidades administrativas: denuncias por un faltante de 1.700.000 del ejercicio 2013; construcción de viviendas municipales en terrenos privados; negativa a presentarse a interpelaciones del Concejo Deliberante, realización de obras no presupuestadas ni aprobadas por los concejales, contratación por casi 1 millón de pesos de maquinaría propiedad del hijo de Mazzone para tareas del municipio, entre muchas otras “perlitas”.

A principios de este año, Salvador Mazza volvió, vergonzosamente, a ser noticia nacional y no justamente por la virtud de sus gobernantes o representantes. El concejal Mauricio Esteban Gerónimo (aún prófugo), y el presidente del Concejo Deliberante, Alejandro Maurín, son acusados de pertenecer a una poderosa banda dedicada al narcotráfico, lo que les vale la destitución y la detención del segundo.

Por estos días, nuevamente esa localidad está en boca de todos por hechos ajenos a la buena administración, el anuncio de obras o la probidad de sus funcionarios. Esta vez el tema que hace posar la atención general sobre Salvador Mazza es la difusión de un video sexual en el que se aprecia a una funcionaria y ex candidata a concejal haciendo sexo oral a un hombre.

Sin pretender juzgar ni condenar la moral, las costumbres y gustos de esta funcionaria y dirigente, no es demasiado exigirle cuidado y discreción para su vida privada, ya que este video explícito de sus preferencias amatorias llegó a ojos de escolares y a la población en general. Una vez más un funcionario hizo públicos sus actos. Lástima que no fueron actos de gobierno.

Los municipios han mutado a pequeños reinos donde sus “soberanos y cortesanos” ya ni siquiera se preocupan por parecer lo que no son. Pareciera como que se convencieron de que son gobernantes por derecho divino y con atribuciones totales e incuestionables. Han abolido la honestidad, la decencia y la vergüenza, y con la naturalidad de nerones modernos ejecutan bacanales de corrupción, nepotismo, derroche e impunidad.

El ciudadano debe parar esto prontamente y en seco, porque sino, en lo que menos nos demos cuenta, estaremos obligados por ley a rendir culto y adoración a estos personajes, y a callar sus delitos bajo pena de destierro.

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Escribo para @elotropais_ y otros medios. Me preocupa el país por eso aporto ideas con mis notas. Soy un ciudadano del mundo que decidió vivir en Argentina

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