Lo de ayer fue multitudinario pero poco para el pueblo

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Un multitudinario acto de repudio a la falta de respuestas por parte del gobierno nacional en temas candentes como son la inflación y los despidos se llevó a cabo en Paseo Colón e Independencia, ciudad autónoma de Buenos Aires. Los movilizadores de esta manifestación fueron Hugo Moyano, Antonio Caló, Pablo Micheli y Hugo Yasky, aunque también aportaron lo suyo intendentes kirchneristas del conurbano como ser Alberto Descalzo (Ituzaingó), Gabriel Katopodis (San Martín), Mariano Cascallares (Brown) y Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gustavo Menéndez (Merlo), Juan Zabaleta (Hurlingham), Eduardo Bucca (Bolívar), Julio Pereyra (Florencio Varela), Verónica Magario (La Matanza), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), dirigentes del PJ bonaerense como Fernando Espinoza y Alberto Pérez, organizaciones de izquierda, MILES de Luis D´Elía y el movimiento Evita de Jorge Taiana.

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¿Realmente alguien puede ser tan ingenuo como para digerir que esta ensalada político-sindical de peras, anchoas, frutillas y hongos congeniaron en defensa de los trabajadores?. Caló y Yasky, que durante más de una década aplaudieron de pie al kirchnerismo en los salones de Casa Rosada, mientras afuera los trabajadores padecían suspensiones, despidos, aumentos de sueldo miserables impuestos unilateralmente por el gobierno nacional. Que callaron ante las devaluaciones de Kicillof y las decenas de miles de despidos que provocaron el cepo cambiario y las trabas a las importaciones, más la imposibilidad de conseguir medicamentos e insumos vitales para la salud. Que jamás dijeron nada del abismo al que esas políticas llevaron a las Pymes y a las economías regionales causando más despidos y cierres que los que hoy en día denuncian. Es más, muchos de esos sindicalistas se quedaron callados cuando Cristina Fernández de Kirchner vetó el 82 % móvil. Es decir, se cagaron en los más vulnerables.

Hugo Moyano, sindicalista vitalicio con dos “príncipes” herederos, Pablo y Facundo. Ex aliado y defensor del kirchnerismo que no se abrió, sino que lo abrieron cuando Néstor Kirchner se sintió lo suficientemente fuerte y respaldado como para prescindir de él, y que desde hace un tiempo incursionó en las “cajas” del club Independiente de Avellaneda y en la AFA.

Todos los intendentes que dieron “asilo” laboral de apuro a cientos de miles de militantes y amigos cuando el barco K comenzó a hacer agua, y ahora salen a exigir fondos para poder mantener a esas obscenas e innecesarias plantas de personal, privando de trabajo a tantos argentinos con conocimientos, formación y ganas de hacer. Esos mismos intendentes que se quejan de las enormes carencias edilicias, estructurales y urbanas en general que sufren sus municipios y sus habitantes, y le reclaman al gobierno nacional que dé respuestas inmediatas, pero se cuidan de recordar que sus antecesores en el cargo fueron sus padres, sus jefes políticos o algún cercano compañero de partido que se gastó la guita de los vecinos en contratar micros, comprar sandwichs y bebidas y pagar “viáticos” a militantes para llevarlos durante años a actos políticos. Como el de ayer.

La cúpula de La Cámpora, ausente en este caso pero fogoneando desde las redes sociales. Esa hermandad de jóvenes ricos, conchetos y capitalistas, que con mucho dinero estatal uniformaron y embanderaron a un ejército de soldaditos con pecheras, a los cuales mandan a dar la cara y la voz por ellos, haciéndoles creer que son protagonistas de una revolución que liberará al país de la oligarquía, la derecha, los ricos explotadores y los que usan al pueblo. Si estos soldaditos se detuvieran a pensar un segundo, se darían cuenta de lo ilógico y disparatado de su lucha, ya que la oligarquía, la derecha, los ricos explotadores que usan al pueblo ¡son sus propios comandantes camporistas!.

Luis D´Elía, ese antisemita, golpista y violento que vive más que holgadamente con todo el dinero que supo acumular durante los gobiernos kirchneristas, y que naturalmente está en su patrimonio porque no llegó a quienes realmente debió llegar. Un sujeto deleznable que públicamente confiesa su anhelo de que este gobierno no termine, o se acabe lo más pronto posible, sin importarle las consecuencias ruinosas que el cumplimiento de su deseo pudiera acarrear.

El valor del día de ayer no estuvo en los miles que fueron a escuchar y vivar las palabras de estos sujetos que, el día de mañana, cuando el gobierno nacional les pase miles de millones, volverán a su amnesia histórica y habitual tanto por los pobres, los despedidos, los “tarifeados”, los ajustados, los jubilados, los precarizados, los niños, los docentes y tantos otros a quienes ponen de pantalla y estandarte de sus reales ambiciones.

El valor del día de ayer estuvo en los millones que NO fueron a ese acto. Que se negaron a darles más poder con su presencia. Los millones que dignamente rechazaron ser un número que estos tipos luego usarían para fortalecerse y ufanarse: “metimos 100 mil o 200 mil personas”, “les pusimos en la calle 100 mil trabajadores”. Los millones de argentinos que aun con angustia, con esfuerzo, con privaciones fueron a trabajar y les dieron la espalda, porque comprendieron que esos millonarios tribuneros, comerciantes de la necesidad y tiempistas del apriete son parte del problema y no la solución.

El valor de ayer estuvo en el contraacto que protagonizaron millones de argentinos que, desde sus puestos de trabajo, desde sus hogares, desde las calles o donde quiera que se hallaran, se negaron a ser mostrados como patrimonio político de estos personajes que desde hace décadas los usan de plataforma para mantenerse siempre arriba.

Lo de ayer fue realmente maravilloso.

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