Jogo bonito, y las protestas contra el mundial

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Brasil está sumergido en las críticas de su propio pueblo al Mundial. Las protestas sociales reflejan un reclamo hacia los gobernantes.

por Martín Rodríguez

Hoy empieza el evento más televisado en el mundo y por más que resulte paradójico, el brasileño está indignado con que el mundial sea en Brasil. Esa irritación se les atribuye a las enormes inversiones que tuvo que realizar el Gobierno para la preparación de este encuentro deportivo.

Si, los creadores del jogo bonito, están realizando protestas violentas en contra del mundial y cuentan con un gran apoyo popular. Es difícil entender como el país más futbolero se opone a la realización de la Copa del Mundo. Esto algo que nunca me hubiese imaginado, pero todo parece tener una explicación.

El país  que más copas mundiales ha ganado, cinco hasta el momento (y espero de corazón que ese número se quede ahí), está atravesando un momento de duras críticas hacia el gobierno de Dilma Rousseff, y llegan desde los más diversos sectores. Por ejemplo, el ex jugador, devenido a político, Romario se manifestó en contra de los elevados gastos que el Gobierno de Brasil tuvo para organizar el Mundial de 2014. Hasta la estrella del balón pie e ídolo, Ronaldo  se mostró “decepcionado” por los retrasos que hubo en las obras.

La construcción y la modernización de los 12 estadios elegidos para desarrollarse la Copa del Mundo alcanzan la suma de 3459 millones de dólares. El más costoso resultó ser el Estadio Nacional en Brasilia con una inversión de 603 millones de dólares. Pero quizás el más escandaloso resultó ser el histórico Maracaná, de Río de Janeiro, que las refacciones realizadas rozarían los 452 millones.

Una de las obras más controvertidas se desarrolló la capital del estado de Amazonas. En Manaos se construyó un estadio para 44000 personas, mientras que la liga local lleva por partido un promedio de 500 espectadores. ¿Qué irán a hacer después con ese estadio, no? Para terminar el Arena da Amazonia se tuvieron que gastar cerca de 290 millones de dólares, unos 70 millones más del presupuesto original.

Quienes protestan consideran un derroche las inversiones realizadas, y como si fuera poco consideran que se hicieron sin una clara rendición de cuentas. La inversión que se proyectaba al inicio era de 6000 millones de dólares, mientras que hoy algunos dicen que se gastó el doble, unos 11.400 millones, y los más radicales se animan a pronosticar que se gastó casi el triple de ese presupuesto inicial y alcanzaría los 15.000 millones.

Y es obvio que esto va a producir indignación en el brasileño. Es difícil no ponerse del lado del carioca y apoyar sus reclamos. Estos números asustan y explican el porqué de las protestas. La sociedad demandaba que se invierta más en educación de calidad, transporte público y salud, y menos en fútbol.

En los días previos al comienzo del campeonato, el descontento del carioca se generalizó y hasta la presidenta, Dilma Rousseff, tuvo que salir a defender los créditos otorgados por bancos estatales para la construcción de los nuevos estadios. Dilma trató de minimizar las protestas diciendo que los que planean boicotear el encuentro son “una pequeña minoría”, sin embargo otorgó un aumento salarial del 15,8% a la policía federal, que había amenazado con realizar un paro durante el evento. Un aumento muy por encima de la inflación del país que es del 6% anual.

Es cierto lo que expresa Rousseff. El progreso que logró Brasil en estos últimos años generó muchas expectativas y mucha ansiedad, e hizo que la nueva clase media ampliada brasileña tenga “más deseos, más anhelos y más demandas”. Pero esta vez demandan menos obras colosales y conductas más sobrias por parte de sus dirigentes, acompañadas de una buena dirección y transparencia en el manejo de los fondos públicos.

El Mundial es la excusa perfecta para que parte de los brasileños muestren su indignación. Indignación que es movilizada por la suba de los precios y la desfinanciación de los servicios públicos, incluidas la salud y la educación. Como adelantaba Charly Gracía “la alegría no es sólo brasilera” y los chicos son los que siguen pateando basura en el callejón.

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