Horror y excusas, todo sigue igual

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A la indignación mayúscula y general que produjo la criminal, cobarde y monstruosa violación grupal a que fue sometida una niña wichí de apenas 12 años de edad miembro de la comunidad Alto la Sierra, y por lo que tuvo que ser atendida en un nosocomio de Salta capital con riesgo de vida, debemos sumar por estas horas la perplejidad ciudadana por las declaraciones de la ministra de Derechos Humanos de la Provincia Pamela Calletti.

En declaraciones a la radio FM Primero Salta, Calletti manifestó: “lo que hay que destacar es que hoy la nena se encuentra bien y que desde el ministerio se la estuvo asistiendo”. ¿Qué entenderán por destacable estos ministros con exceso de escritorio y déficit de campo?. Aquí no hay nada destacable. La barbarie sufrida por esta niña no tiene remedio porque el daño es gravísimo y permanente. No es que tuvo una apendicitis y se la salvó en un hospital público, fue atacada sexualmente por cinco tipos que aprovecharon los “beneficios” que da en muchos lugares la ausencia del estado, y la “amplia” ignorancia que los organismos tutelares provocan con su inacción y desidia.

Decir “se encuentra bien” es sumarse a la infame jauría que la ultrajó, y negar su pasado horroroso y su futuro de quebranto. Nadie que sufra lo que esta niña sufrió puede luego encontrarse bien. Ese episodio deleznable vino para quedarse. Volverá en cada noche de sueño, en cada salida, en cada hombre que vea acercarse, y su vida será una defensiva y un miedo constante.

¿Creerán estos funcionarios que el cuerpo funciona disociado de la mente, y que una vez curadas las heridas físicas todo vuelve a la normalidad?.

Más adelante, en otro tramo de la entrevista, Calletti dice: “Estamos enfocados en que la nena vuelva a recuperar su alegría y que vuelva a recuperar su vida normal”. Realmente, cuando leo esto, pienso que Calletti vive en una chacarera o en una zamba, donde los patios de tierra, el agua de la represa, los ranchos, los changuitos corriendo en patas y los braseros son algo pintoresco, tradicional y autóctono. Pero eso es nada más y nada menos que la miseria. ¿Qué alegría va a recuperar alguien que desde que sabe caminar debió buscar leña, llenar la panza con lo hubiera, curarse las enfermedades solo con tiempo y resignación, dormir junto a un fuego que puede ser tanto su abrigo como su asesino?. Lo que menos debe querer esta niña es “recuperar su vida normal”. Seguramente su sueño es permanecer en la “anormalidad” de un hospital que le da cama, desayuno, almuerzo, merienda y cena. La “anormalidad” de alguna piadosa enfermera que le acaricia la cabeza y le trajo ropa de sus hijas. La “anormalidad” de ver a algún médico maldecir a los que la dañaron y cerrar impotente los puños. La “anormalidad” de saber que tiene derechos para exigir muchas cosas, y que es tan ciudadana y tan argentina como cualquiera de nosotros.

Hace mucho tiempo ya que no nos conforman las excusas, ni los anuncios de ocasión tales como “Vamos a analizar el caso para saber qué pasó”, “Nos hemos hecho cargo de la situación”, “reconocemos que hubo fallas”, “el estado tomó intervención ni bien se enteró del caso”, o “estamos trabajando en el tema”, porque toda esta cháchara política la vamos a volver a escuchar en cuanto desde el monte emerja a los ojos y oídos de los funcionarios la noticia de una nueva aberración que haya castigado a estos argentinos. Para cual, penosamente, no pasará demasiado tiempo hasta que ocurra.

Preferiría escucharla a la ministra Calletti anunciar que por fin están decididos a terminar con esa “normalidad” ancestral en que viven muchos argentinos, y sobre todo los miembros de los pueblos originarios. La normalidad del abandono, la normalidad de la pobreza, la normalidad de los no derechos, la normalidad de que solo sean ciudadanos por unos días cuando los golpea una tragedia.

En fin. Mientras los funcionarios sigan gestionando desde sus despachos y no se metan en el barro de la realidad, seguirán llegando cuando el daño ya esté consumado. Seguirán hablando de víctimas y consecuencias.

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Escribo para @elotropais_ y otros medios. Me preocupa el país por eso aporto ideas con mis notas. Soy un ciudadano del mundo que decidió vivir en Argentina

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