Hernán Brienza y la reivindicación de la corrupción

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El periodista y militante kirchnerista Hernán Brienza publicó una polémica nota en el diario Tiempo Argentino, en la que hace un análisis con respecto a la que actualmente ocurre en los ámbitos judiciales, en que varios ex funcionarios y allegados del anterior gobierno están siendo investigados, en la mayoría de los casos por hechos de corrupción.

Ya promediando la nota, Brienza revela su teoría y fe acerca de la necesariedad de la corrupción, y cómo ésta allana para todos las oportunidades o los deseos de hacer política.

Textualmente Brienza sostiene: “La corrupción –aunque se crea lo contrario- democratiza de forma espeluznante a la política. Sin la corrupción pueden llegar a las funciones públicas aquéllos que cuentan de antemano con recursos para hacer sus campañas políticas. No hay que ser ingenuos. Sólo son decentes los que pueden “darse el lujo” de ser decentes. Sin el financiamiento espurio sólo podrían hacer política los ricos, los poderosos, los mercenarios, los que cuentan con recursos o donaciones de empresas privadas u ONG de Estados Unidos”.

Realmente, por aquello de “todos los ladrones piensan que los demás son de misma condición”, creer, afirmar y divulgar esto solo puede ser obra de un corrupto.

Infinidad de políticos llegaron a la función pública sin aparatos estatales, sin el sponsoreo interesado de empresas, y mucho menos haciendo uso de dinero sucio. Ciudadanos honestos y bienintencionados que deciden ingresar a la política por el deseo de servir, por el amor a su comunidad o a su lugar, al que desean volcar su experiencia y su trabajo para el bien y progreso de todos.

Es el caso, por ejemplo, de muchos intendentes cuyas campañas fueron reuniones barriales, visitas domiciliarias a vecinos, modestos actos y alguna que otra entrevista en una FM zonal. Son en muchos casos, los mismos vecinos quienes los alientan a involucrarse y participar en política por considerarlos honestos, con ideas buenas, con éxito en sus quehaceres privados, etc.

Muchos gobernadores han llegado gracias al apoyo de sus partidos, luego de demostrar liderazgo o buena gestión en algún área, por lo que fueron designados por las autoridades para ir a las elecciones en representación de las banderas y propósitos de sus partidos, que cuentan con recursos monetarios para afrontar campañas y publicitar a sus candidatos.

Sí se puede admitir que muchos impulsan a sus candidatos en la convicción de que sus ideales partidarios, sus planes de gobierno y sus plataformas son las mejores, y muchos otros solo lo hacen pensando en que la llegada al poder de quien ellos postulan les podrá redituar beneficios posteriores. Pero para nada es la general en política.

Con los presidentes ocurre algo parecido. Los partidos y simpatizantes “bancan” a sus candidatos por diferentes motivaciones atendibles y respetables: pertenencia partidaria, convencimiento de que las políticas económicas, sociales, educativas, sanitarias, etc que ellos proponen son las más adecuadas para la buena marcha del país, o simplemente por  tradición histórica. Y por supuesto, parte del empresariado y grupos poderosos que ven en esas políticas mayores probabilidades de éxito para sus negocios, por lo que contribuyen monetariamente a la campaña de uno u otro aspirante.

La teoría Brienza podría justificarse cuando el hartazgo general y popular por quienes están en el gobierno se torna incontenible. Entonces ya no basta con una campaña de difusión normal, que los partidos pueden afrontar, sino que se debe recurrir a campañas abrumadoras y machacantes, de constantes y asfixiantes spots, apariciones, jingles, movilizaciones, dádivas y demás elementos publicitarios, todos estos con la finalidad de intentar sugestionar e influenciar a los ciudadanos votantes intentado convencerlos de que las cosas no están tan mal, o que si ellos se van todo será peor. Este último tipo de “campaña” sí es sumamente costosa e imposible de ser afrontada solo con recursos partidarios. Es entonces cuando cualquier aportante es bienvenido, dinero de cualquier procedencia es bien recibido, y resulta válido echar mano de los fondos que sean.

En este último caso, ya no se trata de dar a conocer a un candidato, sino de maquillar la realidad, narrar logros nunca conquistados, mostrar índices convenientes, intentar dar algunas alegrías pasajeras y engañosas a los votantes hasta el día después de las elecciones, instalar sensaciones de bienestar general y de estar en la buena senda. En síntesis: intentar revertir todo aquello que esté provocando el rechazo hacia los candidatos de ese espacio.

Allí sí cuajaría la teoría Brienza que en parte dice “Sin el financiamiento espurio sólo podrían hacer política los ricos, los poderosos, los mercenarios, los que cuentan con recursos o donaciones de empresas privadas u ONG de Estados Unidos”, y se podría aceptar dinero del tráfico de efedrina, de valijeros lavadores, de dirigentes sociales que esquilmaron a cooperativistas, o por qué no tomar las reservas de toda una provincia, es decir, el dinero de los sueldos, la salud, la educación, etc. Y naturalmente, crear con dinero de todos y cada uno de los argentinos un espurio conglomerado de medios donde sostener esas campañas de 24 horas los 7 días de la semana.

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Escribo para @elotropais_ y otros medios. Me preocupa el país por eso aporto ideas con mis notas. Soy un ciudadano del mundo que decidió vivir en Argentina

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