Demorando el diagnóstico agravaron al enfermo

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Casa Rosada

El presidente Mauricio Macri ofreció una conferencia de prensa cuya motivación central fue dar a conocer los índices de pobreza e indigencia medidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) a cargo de Jorge Todesca.

Al cabo de tres años sin que el organismo registrara ni diera a conocer datos acerca de este tema, ayer por fin se difundieron números oficiales creíbles, coincidentes con mediciones de privados: la pobreza alcanza al 32,2% de los argentinos.

Visto desde la perspectiva de técnicos y burócratas, estos solo son porcentajes, números que dicen algo con respecto a algo. Pero si humanizamos esos números, nos horrorizamos al saber que se trata de que 1 de cada tres argentinos son pobres. Al menos 14 millones de ciudadanos estarían en esa condición.

Está muy bien que el gobierno nacional se haya esmerado en lograr porcentajes exactos. Saber los índices de pobreza e indigencia son datos necesarios para saber dónde estamos parados. Pero que se hayan tomado nada más y nada menos que 10 meses tan solo para decirnos que la cantidad de pobres es tal y no cual, es algo que indigna más aun que el dato al que arribaron.

Mientras el gobierno de Cambiemos censaba y pasaba a planillas estos números, lo que hay detrás de eso, seres humanos de carne y hueso, continuaban padeciendo, hundiéndose y hasta muriendo.

¿Qué tan importante podía ser que supiéramos si eran 10,4 %, 15 %, 25 % o 32 % los argentinos que están sufriendo carencias esenciales? Las soluciones debieron ponerse en marcha con solo saber que había y hay gente injustamente privada de lo básico para una vida sana, digna y con futuro. No era ni es imprescindible la precisión matemática para tomar la determinación de comenzar a revertir esa atrocidad abominable que es la pobreza.

En ese maldito egoísmo de seguir el juego político de querer establecer cuántos pobres dejaron los anteriores, para luego martirizarse con eso de la “pesada herencia”, y lanzar frases heroicas tales como “tenemos por delante un trabajo formidable”, “arreglar este desastre nos llevará años de esfuerzo”, con las cuales lograr la comprensión de la ciudadanía y a la vez patear para adelante el “manos a la obra”, y de esa manera disponer de tiempo para transas políticas, legislativas y sindicales que les aseguren mantener la línea de flotación a nivel, y especular con optimismo en las próximas elecciones.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) estudió con conciencia y seriedad los alcances de este problema, y ya en 2015 advirtió de su expansión, y que había llegado a afectar al 28,7% de la población, por lo que quienes aspiraban a la presidencia tenían un diagnóstico certero del panorama, y bastante tiempo para diseñar estrategias de guerra.

Aun si el gobierno actual hubiese tomado como cierto el fabulado índice de 4,7% en que el gobierno anterior afirmaba internacionalmente haber dejado la pobreza en nuestro país, el mismísimo 11 de diciembre tendría que haber estado aplicando un plan nacional muy agresivo, diseñado con antelación por ya tener datos y conocimiento de la situación, para erradicar o al menos atenuar esta aberración social, y no esperar a tener “datos concretos” para asumirlo como un problema de seres humanos que no pueden esperar más.

Luego de la conferencia de prensa para anunciar el índice de 32,2 %, el presidente Macri escribió en su cuenta de Facebook: “Este es el punto de partida sobre el cual quiero ser evaluado”. No señor. De ninguna manera. Los biennacidos somos evaluados por nuestra condena y nuestra lucha contra la pobreza y todo tipo de inequidad humana desde el día mismo de nuestro nacimiento. Sea la posición social, el cargo, o las situaciones en que nos toque desarrollarnos y vivir.

La vida de las personas no puede seguir tomándose como un tramo de un mandato. No se puede continuar suavizando las ineficiencias propias culpando del desastre al anterior. No aceptamos que se piense y se nos diga que la pobreza se va a resolver sola por un efecto colateral de la prosperidad de otras actividades.

El presidente Macri prometió pobreza cero, y estos meses la pobreza creció. No vaya a ser que ahora nos salga algún iluminado vocero a decir que se tienen tanta confianza, que como un desafío se subieron la vara.

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