Beatriz Bonotto: “Todo culto se instituye bajo el dominio patriarcal o machista”

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Infobae

Argentina hoy es un escenario siniestro cuando se habla de violencia de género y femicidios. No significa eso que no sucediera antes, sino que ya no se disimula.

No es una sensación, es una realidad que afecta al género femenino sin diferenciar edad, credo o estrato social. Amén de las escasas políticas orientadas a la lucha contra esa violencia, y de nuevas jurisprudencias, es asimismo una realidad que no cambia.

Para comprender en profundidad ésta tremenda situación entrevistamos a la Licenciada en Psicología Beatriz Bonotto, psicóloga forense del Servicio de Psicología del Poder Judicial, Especialista en Violencia Doméstica y Abuso Sexual Infantil. Quien, desde una perspectiva profesional y analítica, nos explica los trasfondos y consecuencias de los hechos perturbadores que hoy por hoy remarcan una desigualdad acentuada entre géneros pertenecientes a una misma sociedad.

– ¿Cuál es la situación actual sobre la problemática de violencia de género y femicidio?

Se puede analizar la situación actual desde dos perspectivas. Una, desde una mirada positiva, relacionada con la prevención, es decir, con informar qué es violencia, cómo detectar si uno padece o ejerce violencia y las acciones a seguir: DENUNCIE, NO SE QUEDE CALLADO, SI LE SUCEDE TAL COSA, UD. ES VÍCTIMA Y DEBE DENUNCIAR. Claro que falta mucha más información y mayor concientización respecto a este punto. La otra perspectiva, nada halagüeña, nada positiva, es que EN NUESTRA REGIÓN alertar a la población sobre lo que es violencia y las acciones a seguir no es suficiente porque queda la mesa sin una pata: no existen instituciones libres y gratuitas para el TRATAMIENTO tanto de la víctima como del victimario. Las sentencias judiciales dicen: “ordénese tratamiento psicológico para…” pero no existe ni a nivel gubernamental ni ONG ni otra institución (iglesias por ejemplo) que presten tal servicio específico. Y respecto del femicidio, es alarmante el número de casos que existen en nuestro país y no vale comparar con otros países que puedan estar en peor situación. Con una sola mujer que sea asesinada por el sólo hecho de ser mujer basta y sobra como para poner en marcha acciones serias y responsables, centradas en todo el proceso de prevención y promoción de salud integral.

– Salta es una de la provincias con más alto nivel de femicidios en el país… ¿Existe alguna explicación para ello?

Podría intentar explicar desde aspectos sociológicos (aunque no soy socióloga) y aspectos psicológicos. Vivimos en una cultura de fuerte raigambre e ideología machista y hasta misógina en muchos casos. Damos por sentado que es bueno la construcción de roles sociales de varón y de mujer, de padre y madre, etc. centrados en la diferencia de sexo, subyaciendo toda conducta y pensamiento a una cuestión orgánica que daría poderío o no de acuerdo al sexo que tenga la persona. Se espera que los varones sean fuertes, seguros y carguen con el estandarte de la autoridad (o autoritarismo en la mayoría de los casos) Las mujeres, débiles, inseguras y dependientes, nacen para obedecer y servir. Que toda vez que el hombre mande, la mujer obedece. A cualquier precio. Y sería una afrenta que puede llevar la vida el decir que no a la potestad machista. La falta de formación desde muy temprana edad, la falta de políticas públicas centradas en la igualdad de derecho, o peor aún, las malas políticas públicas tendientes a “solucionar” el problema no dan el resultado esperado y peor aún, generan un efecto de cristalización del fenómeno. Se endurece, se reafirma, nada cambia, la violencia sigue. Por ejemplo, está muy bueno y es importante la instauración de una ley en contra de la violencia familiar y de género. Denunciar es en extremo importante. Pero ese no es el paso final. Debe seguir la modificación de la conducta. Y ahí adolece el estado de instituciones capaces de esa intervención. Desde el punto de vista psicológico, NUNCA debe responsabilizarse a la víctima. Existen circunstancias biológicas, psicológicas y sociales, de una relación desigual de poder en el contexto de una relación afectiva que genera patología. Existe el riesgo aún hoy todavía (debido a los mitos culturales y la fuerte ideología machista) de que las mujeres víctimas sean diagnosticadas y tratadas de trastornadas, locas histéricas, sometidas y con gusto a la violencia (dependientes y masoquistas, digamos) Es de suma importancia que los problemas de personalidad de las víctimas son CONSECUENCIA y no causa del maltrato continuado que puede culminar en violencia.

– ¿Cuáles son las características de un femicidio?

El ejercicio de violencia en su extremo más devastador: el homicidio, y en este caso, teñido de odio: el femicidio es la muerte violenta de una mujer perpetrada por un hombre por el único motivo de que la víctima es mujer, con independencia de que ocurra en ámbito público o privado y que exista o haya existido o no alguna relación entre agresor y víctima. En el victimario (el homicida) se produce un estado emocional intenso (la ira) que interactúa con actitudes hostiles y un repertorio de conductas pobres (escasa y nula habilidad de comunicación, escasa y nula resolución de conflictos) sumado a factores precipitantes: distrés (estrés negativo), que puede o no haber consumo abusivo ‘de’ (alcohol, sustancias psicoactivas, etc.), celos, inseguridad y que ese hombre puede percibir (y percibe) la vulnerabilidad y dependencia de la víctima.

– ¿Por qué los ataques de los hombres son cada vez más violentos?

La violencia tiene un ciclo y una escalada. No son los tiempos en que vivimos que hace que el ataque de la persona violenta sea más intenso, más grave. Tiene que ver en realidad con el tiempo en que permanece la relación con una dinámica violenta. A medida que pasa el tiempo en la relación, la violencia va en escalada, aumenta, sube de nivel, aumenta la intensidad de los golpes y la gravedad de los mismos, aumenta la frecuencia, es decir, cada vez es más seguido, hasta que puede derivar en la muerte de la víctima. Cabe aclarar que el femicidio es la muerte física de la víctima. Pero la persona que sufre violencia aunque no muera físicamente, muere en vida. Se despersonaliza, deja de sentir y pensar por sí misma y se paraliza en la acción hasta que ya no es ella y pasa a ser el otro. Se aliena al otro y por lo tanto simbólicamente ha muerto: ya no es más quién era, ahora es el otro.

– ¿Por qué a la sociedad le cuesta entender ésta problemática y en muchos casos la relacionan con hechos de violencia común?

Es posible que sea por la ideología dominante. El machismo es más arraigado en las mujeres que en los varones. Modificar lleva tiempo, mucho tiempo. Y quizá no tenga que ver con cuestiones de intelecto, en el sentido de entender que los golpes no sirven, que los insultos o el desafecto son nocivos. Eso puede entenderse. Ahora, cambiar el sentimiento de dominio, la necesidad de poseer el cuerpo y la mente del otro, es más profundo que intentar hacer entender algo. La ideología atraviesa los poros, invade el pensamiento, domina la conducta, tiñe el corazón.

– La iglesia es una institución que refuerza el patriarcado y la dominación masculina?

Todo culto se instituye bajo el dominio patriarcal o machista. Los sacerdotes, los altos mandos de las iglesias, los dioses, en su mayoría son varones. Por lo tanto, esta ideología iniciada por la necesidad humana de creer en alguien superior e instaurada por hombres (el género digo) es sostenida por las mujeres también. La iglesia, santa y pecadora, refuerza quizá sin voluntad de hacerlo, esta ideología machista. Cosas que también –entre otras- podrían aggiornarse.

– En las marchas del Encuentro Nacional de Mujeres… ¿Por qué apuntan contra la Iglesia y no contra otras instituciones?

Los por qué corresponden a las personas u organizaciones que lo hacen. Uno puede inferir o especular. Es posible, entre muchas cosas, que tenga que ver con la cuestión que profesa la iglesia sobre el perdón y la tolerancia por un lado (perdón y tolerancia hacia el victimario). Con el ocultamiento de algunos crímenes por otro. Por una conducta reactiva y de transformación en lo contrario de parte de quienes agreden a los templos. Esto es pura especulación teórica: pienso que la iglesia ofrece esperanza, contención, protección (Dios es bueno y protector, conoce y acude en ayuda de sus hijos) y quizá ese discurso no es encarnado por los hombres de la iglesia y de ahí que no hace eco frente a hechos de violencia, por lo que decepciona al que espera, y entonces esa esperanza se transforma en enojo y el enojo en ataque. Lo que tampoco es bueno, nunca la violencia será buena.

– En el año 2014, el medio Clarín publicó una nota que titulaba “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria” en referencia a Melina Romero, es más, en su primer párrafo expresa “La vida de Melina Romero, de 17 años, no tiene rumbo”… ¿Qué responsabilidad tienen los medios en ésta problemática? 

Muchos medios tiñen su horizonte de color amarillo. Con tal de vender, se apunta al morbo. Lo que más vende, lo que más es noticia, es eso que genera morbo. No importa lo que se diga. La responsabilidad no sólo es moral. Debería ser hasta civil y quizá penal. Sabemos que no se puede responsabilizar a la víctima de lo que haya sufrido. Es la persona victimaria, es quien ejerce violencia quien tiene un serio problema: no controla sus impulsos; no tolera la frustración. Los sentimientos son propios, quien se enoja y ataca debe hacerse cargo de su enojo y del ataque. Cuando la prensa, teñida de amarillismo cuestiona o plantea temas respecto a la vida o personalidad de la víctima, la revictimiza y no sólo la daña a ella sino a su familia y a su entorno. Al dar una noticia, no sólo se da una información, sino que se la carga de sentido. Es importante pensar que las palabras tienen un valor simbólico de puñal o de rosa. La responsabilidad sobre las palabras debe ser un valor nunca olvidable. Y no se trata de contar nada más. Detrás de cada noticia debería haber una opinión aunque más no sea, reparadora, alentadora y no provocadora y destructiva.

– En el último caso de femicidio que trascendió en los medios (Lucía Pérez), se demonizó a los perpetradores, como si fueran de otro mundo… ¿Puede ser eso una forma de desvincular la responsabilidad de la sociedad y las instituciones?

Colocar fuera de uno –alienar- toda responsabilidad implica fomentar el circuito violento. Demonizar al victimario no sirve, porque entonces… ¿quién debe cambiar? ¿cómo hacerlo? ¿se tratará de exorcizar a los demonios entonces? Los demonios son internos y cada uno debe hacerse cargo de buscar sus propios espacios de salud dando respuesta por las propias conductas. Si no se puede solo, se DEBE buscar ayuda. Terapéutica, en las instituciones, en la fe, en la escuela. Hay que tener en cuenta que somos sujetos integrales, históricos y sociales. Pero que de nuestra propia historia nos hacemos cargo cada uno, escribiendo palabra por palabra, propietarios de cada acción, responsables del presente y del futuro nuestro y de nuestra circunstancia.

– ¿Cual es el cambio radical que se tiene que hacer para paliar la crisis de violencia de género?

Cambios radicales aplican en la medida que sean progresivos. El trigo no grana hasta que no está maduro. Es decir, no puede esperarse un cambio radical en lo inmediato y mágicamente si no existen acciones tendientes a gestar tal cambio. Construir con nuestras niñas y niños bases para el resto de la vida con estrategias de resolución de conflictos para que disminuya casi a cero la violencia desde una educación integral puede ser un principio. Gestar acciones en organismos que se ocupen de los casos que ya existen puede ser otro. Reparar los daños y consecuencias puede ser otro. Nunca olvidarse de fortalecer a las personas desde su dignidad debe ser siempre. Y en ocasiones no hacen falta políticas públicas para ello. Cada uno en su lugar, en acciones cotidianas, revisando sus propias prácticas, puede dar un paso adelante en esta realidad.

– ¿Serían posibles estos cambios en corto o mediano plazo?

Cambios personales pueden llegar a ocurrir, con asistencia terapéutica, al menos luego de 1 año de terapia. Cambios sociales, posiblemente luego de 7/8 años de intervención. No existen plazos cortos para los cambios radicales. Es un proceso continuo y largo que requiere del compromiso de todas las instituciones sociales. Pero cabe recordar, el cambio comienza dando un primer paso. Pero lo difícil es continuar caminando.

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No soy periodista, ni escritor, ni investigador, ni crítico, y tampoco tengo talento literario. Pero ésta sociedad es tan generosa que me brinda un espacio para que escriba lo que se me ocurre. Gracias, gracias gracias.

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